Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era
Por el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura

CIUDAD DEL VATICANO, 20 septiembre 2003 (ZENIT.org).- Publicamos la presentación del cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, del libro «Jesucristo, portador del aguda de la vida. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era» redactado por los Conejos Pontificios de la Cultura y para el Diálogo Interreligioso.



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De la Nueva Era ya se ha hablado mucho y se seguirá hablando. Por mi parte, yo pedí a un especialista, Jean Vernette, que dedicara una voz a los movimientos de la Nueva Era en la tercera edición de mi Gran Diccionario de las Religiones, el cual los describe de la siguiente manera: \"Los movimientos de la Nueva Era, como un gran río que fluye con muchos arroyos, representan una forma típica de sensibilidad religiosa contemporánea, como una nueva religiosidad que asume muchos caracteres de la gnosis eterna\" (Piemme 2000, pp. 1497-1498). Además, a la Nueva Era se han dedicado recientemente dos números especiales de la revista trimestral de cultura religiosa Religiones y sectas en el mundo (1996, 1-2). En mi editorial presenté así este fenómeno: \"El fenómeno de la Nueva Era, juntamente con otros nuevos movimientos religiosos, es uno de los desafíos más urgentes de la fe cristiana. Se trata de un desafío religioso y, al mismo tiempo, cultural: la Nueva Era propone teorías y doctrinas sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo incompatibles con la fe cristiana. Además, la Nueva Era es síntoma de una cultura en profunda crisis y, a la vez, una respuesta equivocada a esta situación de crisis cultural: a sus inquietudes e interrogantes, a sus aspiraciones y esperanzas\" (Religiones y sectas en el mundo, 6, 1996, p. 7).



En la actualidad, la cultura occidental, seguida por muchas otras culturas, ha pasado de un sentido casi instintivo de la presencia de Dios a lo que a menudo se llama una visión más \"científica\" de la realidad. Todo debe ser explicado según nuestras experiencias diarias. Cualquier cosa que lleve a pensar en los milagros resulta inmediatamente motivo de sospecha. Así, todos los gestos y los objetos simbólicos, conocidos como sacramentales, que antes formaban parte de la praxis religiosa diaria de todo católico, son hoy, en el panorama religioso, mucho menos evidentes que antes.



Las razones de ese cambio son muchas y diversas, pero entran todas en el ámbito del cambio cultural general de formas tradicionales de religión a expresiones más personales e individuales de lo que ahora se llama \"espiritualidad\". Al parecer, son tres los motivos que han dado origen a ese cambio. El primero es la sensación de que las religiones tradicionales o institucionales no pueden dar lo que antes se creía que podían dar. Algunas personas, en su visión del mundo, no logran encontrar espacio para creer en un Dios trascendente personal; y a muchos la experiencia los ha llevado a preguntarse si este Dios tiene poder para realizar cambios en el mundo o incluso si existe.

Las tristes experiencias que han afectado al mundo entero han vuelto muy escépticas a algunas personas con respecto a la religión: pienso en acontecimientos terribles como el Holocausto y las consecuencias de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la segunda guerra mundial. Lo percibí personalmente durante una reciente visita que realicé a Nagasaki, cuando tuve el privilegio de orar, pero me sentí totalmente incapaz de encontrar palabras, ante el monumento a la memoria de aquellas personas cuya vida quedó truncada o gravemente afectada para siempre en aquel agosto de 1945. Hoy, la amenaza de una guerra en Oriente Medio me recuerda lo que me decía mi padre, enfermero durante la segunda guerra mundial. Lo que me contaba sobre los horrores de la guerra me ayuda a comprender más fácilmente las dudas de la gente con respecto a Dios y a la religión. El desconcierto de tantas personas ante el sufrimiento de los inocentes, explotado también por ciertos movimientos, explica en parte la fuga de algunos creyentes hacia ellos.



Hay otra razón para explicar cierta inquietud y cierto rechazo con respecto a la Iglesia tradicional. No olvidemos que en la antigua Europa las religiones paganas precristianas eran muy fuertes y a menudo se producían lamentables conflictos vinculados al cambio político, pero inevitablemente calificados como opresión cristiana de las antiguas religiones. Uno de los pasos más significativos en lo que se podría llamar el ámbito \"espiritual\" en el siglo pasado, más o menos, fue una vuelta a las formas precristianas de religión. Las religiones paganas contribuyeron en gran medida a sostener algunas de las ideologías racistas más violentas de Europa, consolidando así la convicción de que ciertas naciones desempeñan un papel histórico de alcance mundial hasta el punto de que tienen derecho a someter a otros pueblos, y eso ha implicado, casi inevitablemente, un odio hacia la religión cristiana, a la que se ve como una novata en la escena religiosa. La compleja serie de fenómenos conocidos con el término de religiones \"neopaganas\" pone de manifiesto la necesidad, que sienten muchos, de inventar modos nuevos para \"contraatacar\" al cristianismo y volver a una forma más auténtica de religión, vinculada más íntimamente a la naturaleza y a la tierra. Por eso, se debe reconocer que en la religión neopagana no hay sitio para el cristianismo. Guste o no, se produce una lucha para conquistar la mente y el corazón de la gente en la relación entre el cristianismo, las antiguas religiones precristianas y sus \"primas\" de origen más reciente.



El tercer motivo de un desengaño generalizado con respecto a la religión institucional deriva de una creciente obsesión en la cultura occidental por las religiones orientales y los caminos de sabiduría. Cuando ha resultado más fácil viajar fuera del propio continente, muchos europeos aventureros han comenzado a explorar lugares que antes sólo conocían repasando las páginas de textos antiguos.

La atracción de lo exótico los ha puesto en contacto más estrecho con las religiones y las prácticas esotéricas de varias culturas orientales, desde el antiguo Egipto hasta la India y Tibet. La creciente convicción de que existe cierta verdad de fondo, un núcleo de verdad en el centro de toda experiencia religiosa, ha llevado a la idea de que se pueden y deben captar los elementos característicos de las diversas religiones para llegar a una forma universal de religión. Una vez más, en ese ámbito hay poco espacio para las religiones institucionales, en particular, el judaísmo y el cristianismo. Vale la pena que lo recordéis la próxima vez que tengáis ocasión de observar un anuncio publicitario relativo al budismo tibetano o a algún tipo de encuentro con un chamán; eso se puede ver a menudo en cualquier capital europea.



Lo que me preocupa es el hecho de que mucha gente, implicada en esos tipos de espiritualidad oriental o \"indígena\", en realidad no es capaz de ser plenamente consciente de lo que se oculta bajo la invitación inicial a participar en esos encuentros. Además, conviene notar el hecho de que, desde hace mucho tiempo, en algunos círculos masónicos que tienden a una religión universal, existe gran interés por las religiones esotéricas. El Iluminismo promovía la idea de que era inaceptable que hubiera tantos conflictos y se hicieran tantas guerras en nombre de la religión. En esto no puedo por menos de estar de acuerdo. Pero sería incorrecto no reconocer una actitud antirreligiosa generalizada que se desarrolló partiendo de la preocupación original de garantizar el bienestar de la humanidad. También en ese caso, con frecuencia, se califica como conflicto religioso lo que, en realidad, no es más que un conflicto de índole política, económica o social.



El espíritu de esta nueva religión universal se explica más claramente de una manera muy popular en el musical Hair del año 1960, cuando al público de todo el mundo se le dijo que \"esta era el alba de la Era del Acuario\", una era basada en la armonía, la comprensión y el amor. En términos astrológicos, la Era de Piscis ha sido identificada con el tiempo del cristianismo, pero esta era, según dicen, debería acabar pronto para dar paso a la Era del Acuario, cuando el cristianismo perderá su influjo, dejando el sitio a una religión universal más humana. Gran parte de la moral tradicional no tendría ya lugar en la nueva Era del Acuario. Sería totalmente transformado el modo de pensar de la gente y ya no existirían las antiguas divisiones entre hombres y mujeres. Los seres humanos deberían ser sistemáticamente llamados a asumir una forma de vida andrógina, en la que ambos hemisferios del cerebro se usen oportunamente en armonía y no desconectados como ahora.



Cuando vemos y escuchamos la expresión Nueva Era, es importante recordar que originariamente se refería a la nueva Era del Acuario. El documento que se presenta hoy es una respuesta a la necesidad que experimentan los obispos y los fieles en varias partes del mundo. Han pedido muchas veces ayuda para comprender la Nueva Era, puesto que se han dado cuenta del número de personas implicadas en ese movimiento de diversos modos y en diferentes niveles. También han solicitado una guía para responder mejor a este fenómeno ya presente por doquier. El título mismo del documento aclara, desde el principio, que el Acuario nunca podrá ofrecer lo que Cristo puede ofrecer. El encuentro entre Jesús y la samaritana, junto al pozo de Sicar, que narra el evangelio de san Juan, es el texto clave que ha guiado la reflexión durante la preparación de la relación provisional sobre la Nueva Era, que se presenta hoy. Como se puede ver, el documento no está destinado a ser una declaración definitiva sobre el tema. Se trata de una reflexión pastoral encaminada a ayudar a los obispos, a los catequistas y a los que están comprometidos en los diversos programas de formación de la Iglesia, para descubrir los orígenes de la Nueva Era, para ver de qué forma logra influir en la vida de los cristianos, y para elaborar medios y métodos adecuados a fin de responder a los numerosos y diversos desafíos que la Nueva Era plantea a la comunidad cristiana en aquellas partes del mundo donde se encuentra presente. Puede ser también un desafío para los cristianos tentados por lo que la Nueva Era dice a propósito de Jesucristo, para reconocer las numerosas diferencias entre el Cristo cósmico y el Cristo histórico. En definitiva, este documento es un nuevo fruto de la atención que la Iglesia presta al mundo. Nace del deber que tiene la Iglesia de permanecer fiel a la buena nueva de la vida, muerte y resurrección de Jesús, que ofrece de verdad el agua de la vida a todos los que a él se acercan con la mente y el corazón abiertos.



Podréis comprender mejor la naturaleza y el alcance del documento si os explico de qué modo se ha escrito. Existe una comisión interdicasterial de estudio que se ocupa de sectas y nuevos movimientos religiosos. Forman parte de esa comisión los secretarios de los Consejos pontificios para la cultura, para el diálogo interreligioso y para la promoción de la unidad de los cristianos, así como de la Congregación para la evangelización de los pueblos. Para preparar este documento, los oficiales de estos cuatro dicasterios vaticanos que trabajaban en el texto contaron con la ayuda de un oficial de la Congregación para la doctrina de la fe. Así, es evidente que la Santa Sede lo ha considerado un proyecto importante que convenía realizar bien y con esmero. Ha sido necesario un largo período de tiempo antes de que este documento viera la luz. Sin embargo, espero que suscite reflexiones entre los obispos, en las comunidades católicas y cristianas de todo tipo. Si es sustituido por un texto mejor y de índole más definitiva, querrá decir que ha conseguido su finalidad, estimulando a los que están comprometidos en la pastoral y a los que trabajan con ellos para reflexionar en el tema de manera teológica.



El documento quiere impulsar a los lectores a hacer todo lo posible para comprender correctamente el fenómeno de la Nueva Era. Eso exige una actitud abierta, de la que os hablará a continuación, con mucho detalle, monseñor Fitzgerald. Pero quisiera decir que ante este documento algunos cristianos podrían quejarse de que en él se critican algunas formas actuales de espiritualidad, en las que están comprometidos. Ya es problemático el hecho mismo de usar el término Nueva Era para definir el fenómeno. Por eso, algunos prefieren recurrir al término Próxima Era, pero, sinceramente hablando, a mi parecer, se trata sólo de un desplazamiento del problema, ocultándolo bajo una terminología nebulosa. El hecho de que el término incluya muchas cosas indica también que no todos los que adquieren productos de la Nueva Era o afirman que les sienta bien la terapia Nueva Era han abrazado la ideología de la Nueva Era. Por consiguiente, es necesario un cierto discernimiento, tanto por lo que atañe a los productos con etiqueta Nueva Era, como por lo que atañe a los que, en mayor o menor medida, podrían considerarse \"clientes\" de la Nueva Era. No es lo mismo ser clientes, devotos o discípulos. La honradez y la integridad nos exigen ser muy prudentes y no meterlo todo en el mismo saco, etiquetando con mucha facilidad.



Para concluir, quisiera decir simplemente que la Nueva Era se presenta como una falsa utopía para responder a la sed profunda de felicidad del corazón humano, sometido al dramatismo de la existencia e insatisfecho ante la infelicidad profunda de la felicidad moderna. La Nueva Era se presenta como una respuesta engañosa a la esperanza más antigua del hombre, la esperanza de una Nueva Era de paz, armonía, reconciliación consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Esta esperanza religiosa, tan antigua como la humanidad misma, es una llamada que brota del corazón de los hombres especialmente en tiempos de crisis. El pequeño documento que se presenta ahora ayudará a conocer mejor el tema, a discernir entre las propuestas y a suscitar en la comunidad cristiana un renovado compromiso de anunciar a Jesucristo, portador del agua viva.



[Traducción distribuida por http://www.vatican.va ]
ZSI03092001

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El lenguaje transformado por la Nueva Era


CIUDAD DEL VATICANO, 20 septiembre 2003 (ZENIT.org).- Una de las características más típicas de la Nueva Era es su sincretismo que lleva a una transformación del lenguaje común filosófico y religioso. Para orientar a los católicos que puedan sentirse confundidos por estos términos, «Jesucristo, portador del aguda de la vida. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era» ofrece al final este glosario.

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Androginia: no es hermafroditismo, es decir, la presencia de características físicas de los dos sexos en una persona, sino una conciencia de la presencia de los elementos masculinos y femeninos en cada persona. Se describe como un estado equilibrado de armonía interior del animus y el anima. En la Nueva Era, es un estado resultante de una nueva conciencia de este modo doble de ser y existir característico de todo hombre y de toda mujer. Cuanto más se difunda, más ayudará a transformar la conducta interpersonal.



Antroposofía: doctrina teosófica popularizada originalmente por el croata Rudolf Steiner(1861-1925), que abandonó la Sociedad Teosófica después de ser el dirigente de su rama alemana desde 1902 hasta 1913. Es una doctrina esotérica que tiene por objeto iniciar a las personas en el « conocimiento objetivo » en la esfera divino-espiritual. Steiner estaba convencido de que ésta le había ayudado a explorar las leyes de la evolución del cosmos y de la humanidad. Cada ser físico tiene un ser espiritual correspondiente, y la vida terrena está influida por las energías astrales y las esencias espirituales. Se dice que la Crónica Akasha es una « memoria cósmica » accesible a los iniciados.



Chamanismo: prácticas y creencias vinculadas a la comunicación con los espíritus de la naturaleza y con los espíritus de los muertos mediante la posesión ritual del chamán (por parte de los espíritus), a los que éste sirve de médium. El atractivo de estas prácticas en los círculos de la Nueva Era se debe a que ponen el acento en la armonía con las fuerzas de la naturaleza y en la sanación. A ello se añade también una imagen « romántica » de las religiones indígenas y de su cercanía a la tierra y a la naturaleza.



Channeling (canalización): los mediums psíquicos sostienen que actúan como canales de información de otros yoes, normalmente entidades incorpóreas que viven en otro plano. Pone en relación a seres tan diversos como maestros excelsos, ángeles, dioses, entidades colectivas, espíritus de la naturaleza y el Yo Superior.



Conciencia planetaria: esta cosmovisión se desarrolló en los años 1980 para promover el sentimiento de lealtad a la comunidad humana en lugar de a las naciones, tribus u otros grupos tradicionales. Puede considerarse heredera de movimientos de comienzos del siglo XX que promovían un gobierno mundial. La conciencia de la unidad de la humanidad encaja perfectamente con la hipótesis Gaia.



Cristales: se considera que vibran con frecuencias particulares. De aquí que sean útiles para la autotransformación. Se utilizan en varias terapias, así como en la meditación, visualización, el « viaje astral » o como amuletos de la suerte. Vistos desde el exterior, no tienen poder intrínseco, sino que son sencillamente bellos.



Cristo: en la Nueva Era, la figura histórica de Jesús no es más que una encarnación de una idea, una energía o un conjunto de vibraciones. Para Alice Bailey, hace falta una gran jornada de súplica, en la que todos los creyentes logren crear una concentración de energía espiritual tal que se produzca una nueva encarnación que revelará a los hombres el modo de salvarse... Para muchos, Jesús no es más que un maestro espiritual que, como Buda, Moisés y Mahoma, u otros, ha sido penetrado por el Cristo cósmico. Al Cristo cósmico también se le conoce como la energía crística presente en cada ser y en el ser total. Los individuos necesitan ser iniciados gradualmente en la conciencia de las características crísticas que tienen. Cristo representa –para la Nueva Era– el estado más elevado de perfección del yo.



Eneagrama: (del griego ennéa = nueve + gramma = signo) el nombre designa un diagrama compuesto por un círculo con nueve puntos en su circunferencia, unidos entre sí por un triángulo y un hexágono circunscritos. Originariamente se utilizó para la adivinación, pero recientemente se ha popularizado como símbolo de un sistema de tipología de la personalidad que consta de nueve tipos caracterológicos básicos. Se hizo popular tras la publicación del libro The Enneagram de Helen Palmer, pero la autora reconoce su deuda con el médico y pensador esotérico ruso G. I. Gurdjieff, el psicólogo chileno Claudio Naranjo, y el autor Óscar Icazo, fundador de Arica. El origen del eneagrama permanece envuelto en el misterio, si bien algunos sostienen que procede de la mística sufí.



Era de Acuario: cada era astrológica, de unos 2146 años, recibe el nombre de uno de los signos del zodiaco, pero los « días grandes » siguen un orden inverso, de modo que la actual Era de Piscis está a punto de acabar y se instaurará la Era de Acuario. Cada Era tiene sus propias energías cósmicas. La energía de Piscis ha hecho de ella una era de guerras y conflictos. Pero Acuario está destinada a ser una era de armonía, justicia, paz, unidad, etc. En este sentido, la Nueva Era acepta el carácter inevitable de la historia. Algunos ven en la era de Aries la época de la religión judía, en Piscis la del cristianismo y en Acuario la era de una religión universal.



Esoterismo (del griego esotéros = lo que hay en el interior): designa generalmente un conjunto de conocimientos antiguos y ocultos accesible sólo a grupos de iniciados, que se describen a sí mismos como guardianes de las verdades ocultas a la mayoría de la humanidad. El proceso de iniciación conduce desde un conocimiento de la realidad meramente externo, superficial, hasta la verdad interior y, mediante ese proceso, despierta la conciencia a un nivel más profundo. Las personas son invitadas a emprender este « viaje interior » para descubrir la « chispa divina » que hay dentro de ellas. En este contexto, la salvación coincide con el descubrimiento del yo.



Espiritismo: si bien siempre ha habido intentos de establecer contacto con los espíritus de los muertos, se considera que el espiritismo del siglo XIX es una de las corrientes que desembocan en la Nueva Era. Se desarrolló en el ambiente de las ideas de Swedenborg y Mesmer, y llegó a convertirse en una nueva religión. Madame Blavatsky era una médium, por lo que el espiritismo ejerció gran influjo en la Sociedad Teosófica, aunque en este caso el acento recaía en el contacto con entidades del pasado remoto más que con personas que habían muerto recientemente. Allan Kardec influyó en la difusión del espiritismo en las religiones afro-brasileñas. En algunos nuevos movimientos religiosos de Japón se dan también elementos espiritistas.



Evolución: en la Nueva Era va mucho más allá de la evolución de los seres hacia formas de vida superiores. El modelo físico se proyecta sobre el ámbito espiritual, de modo que una fuerza inmanente del interior de los seres humanos los impulsa hacia formas superiores de vida espiritual. Se dice que los seres humanos no tienen control sobre esta fuerza, pero sus buenas o malas acciones pueden acelerar o retrasar el proceso. Se piensa que la creación entera, incluyendo la humanidad, avanza inexorablemente hacia una fusión con lo divino. La reencarnación, naturalmente, ocupa un lugar importante en esta visión de una evolución espiritual progresiva que, según se dice, comienza antes del nacimiento y continúa después de la muerte.



Expansión de la conciencia: si el cosmos se concibe como una cadena continua de ser, todos los niveles de la existencia –minerales, vegetales, animales, humanos, seres cósmicos y divinos– son interdependientes. Se dice que los seres humanos se hacen conscientes de su puesto en esta visión holística de la realidad global expandiendo su conciencia más allá de sus límites normales. La Nueva Era ofrece una enorme variedad de técnicas para ayudar a la gente a alcanzar un nivel de percepción de la realidad más elevado, una manera de superar la separación entre los sujetos y entre los objetos en el proceso cognoscitivo, concluyendo en una fusión total de lo que la conciencia normal, inferior, ve como realidades separadas o distintas.



Feng-shui: forma de geomancia, en este caso un método oculto chino de descifrar la presencia escondida de corrientes positivas y negativas en los edificios y otros lugares, basada en el conocimiento de las fuerzas terráqueas y atmosféricas. «Lo mismo que en el cuerpo humano o el cosmos, en cada lugar se atraviesan influjos cuyo equilibrio correcto es fuente de salud y de vida».



Gnosis: en sentido amplio, una forma de conocimiento no intelectual, sino visionaria o mística, que se cree revelada y capaz de unir al ser humano con el misterio divino. En los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia lucharon contra el gnosticismo, por cuanto se oponía a la fe. Algunos ven un renacer de las ideas gnósticas en gran parte del pensamiento de la Nueva Era, algunos de cuyos autores de hecho citan el gnosticismo primitivo. Sin embargo, la acentuación del monismo e incluso del panteísmo o panenteísmo típica de la Nueva Era lleva a algunos a utilizar el término neo-gnosticismo para distinguir la gnosis de la Nueva Era del gnosticismo antiguo.



Gran Hermandad Blanca: Madame Blavatsky afirmaba mantener contactos con los mahatmas o maestros, seres excelsos que, conjuntamente, constituyen la Gran Hermandad Blanca. Según ella, eran éstos quienes dirigían la evolución de la raza humana y orientaban la labor de la Sociedad Teosófica.



Hermetismo: prácticas y especulaciones filosóficas y religiosas vinculadas a los escritos del Corpus Hermeticum y a los textos alejandrinos atribuidos al mítico Hermes Trismegistos. Cuando se conocieron por primera vez durante el Renacimiento se pensó que revelaban doctrinas pre-cristianas, sin embargo estudios posteriores han demostrado que datan del primer siglo de la era cristiana. El hermetismo alejandrino es una fuente fundamental del esoterismo moderno, con el que tienen mucho en común: el eclecticismo, la refutación del dualismo ontológico, la afirmación del carácter positivo y simbólico del universo, la idea de la caída y posterior restauración de la humanidad. La especulación hermética ha reforzado la creencia en una antigua tradición fundamental, la llamada philosophia perennis, falsamente considerada común a todas las tradiciones religiosas. Las formas elevadas y rituales de la magia se desarrollaron a partir del hermetismo renacentista.



Holismo: concepto clave del « nuevo paradigma », que pretende ofrecer una estructura teórica que integra toda la cosmovisión del hombre moderno. En contraste con la experiencia de una fragmentación creciente en la ciencia y en la vida cotidiana, se acentúa el « holismo », el « totalismo », como concepto metodológico y ontológico central. La humanidad se integra en el universo como parte de un único organismo vivo, un entramado armonioso de relaciones dinámicas. Diversos científicos que tienden un puente entre la ciencia y la religión rechazan la distinción clásica entre sujeto y objeto, de la que se suele culpar a Descartes y a Newton. La humanidad forma parte del entramado universal (el ecosistema, la familia), de la naturaleza y del mundo y debe buscar la armonía con todos los elementos de esta autoridad cuasi-transcendente. Cuando se comprende cuál es el propio lugar en la naturaleza, también se entiende que la « totalidad » y la « santidad » son una misma y sola cosa. La articulación más clara de este concepto se halla en la hipótesis « Gaia ».



Iniciación: en etnología religiosa es el viaje cognitivo yo experimental, mediante el cual una persona es admitida, individualmente o como miembro de un grupo, a través de rituales particulares, a formar parte de una comunidad religiosa, una sociedad secreta (p.e. la Francmasonería) o una asociación mistérica (mágica, esotérico-oculta, gnóstica, teosófica, etc.).



Karma: (de la raíz sánscrita Kri = acción, obra) noción clave en el hinduismo, jainismo y budismo, cuyo significado no ha sido siempre el mismo. En el antiguo periodo védico se refería a la acción ritual, especialmente el sacrificio, mediante la cual una persona obtenía acceso a la felicidad o a la bienaventuranza en la otra vida. Cuando aparecieron el jainismo y el budismo (aproximadamente seis siglos antes de Cristo), Karma perdió su sentido salvífico: el camino hacia la liberación era el conocimiento del Atman o « yo ». En la doctrina del samsara, se entendía como el ciclo incesante del nacimiento y la muerte humanas (hinduismo) o del renacer (budismo). En los ambientes de la Nueva Era la « ley del karma » se concibe con frecuencia como el equivalente moral de la evolución cósmica. El Karma no tiene ya que ver con el mal o el sufrimiento –ilusiones que hay que experimentar como parte de un « juego cósmico »– sino que es la ley universal de la causa y el efecto, y forma parte de la tendencia de un universo interrelacionado hacia el equilibrio moral.

Mística: la mística de la Nueva Era consiste en volverse hacia el interior del propio yo más que en una comunión con Dios, que es el « totalmente otro ». Es una fusión con el universo, la aniquilación definitiva del individuo en la unidad del todo. La experiencia del Yo se toma como experiencia de la divinidad, por lo que se debe mirar hacia dentro para descubrir la auténtica sabiduría, creatividad y fuerza.



Monismo: doctrina metafísica según la cual las diferencias entre las cosas son ilusorias. Sólo hay un ser universal único, del cual cada cosa y cada persona son sólo una parte. En la medida en que el monismo de la Nueva Era incluye la idea de que la realidad es fundamentalmente espiritual, es una forma contemporánea del panteísmo (que rechaza a veces explícitamente el materialismo, en especial el marxismo). Su pretensión de resolver todo dualismo no deja lugar a un Dios transcendente, de manera que todo es Dios. Para el cristianismo se plantea un problema ulterior cuando se suscita la cuestión del origen del mal. C. G. Jung vio el mal como el « lado sombrío » de Dios, que, en el teísmo clásico, es todo bondad.



Movimiento del Potencial Humano: desde sus comienzos (Esalen, California, en los años 1960), se ha convertido en una red de grupos que promueven la liberación de la capacidad humana innata de creatividad mediante la realización del yo. Cada vez son más las empresas que utilizan diversas técnicas de transformación personal en programas de formación de dirigentes, en definitiva por puras razones económicas. Si bien las Tecnologías Transpersonales, el Movimiento por una Conciencia Espiritual Interior, el Desarrollo Organizativo, y la Transformación Organizativa, se presentan como no-religiosos, en realidad los empleados de las empresas pueden encontrarse sometidos a una « espiritualidad » extraña en una situación que plantea conflictos con su libertad personal. Hay vínculos evidentes entre la espiritualidad oriental y la psicoterapia, mientras que la psicología jungiana y el Movimiento del Potencial Humano han ejercido su influjo sobre el chamanismo y formas « reconstruidas » del paganismo, como el druidismo y la wicca. En sentido amplio, el « crecimiento personal » puede entenderse como la forma que adopta la « salvación religiosa » en el movimiento de la Nueva Era: se afirma que la liberación del sufrimiento y de la debilidad humanas se alcanzará desarrollando nuestro potencial humano, lo cual da como resultado el que nos encontremos cada vez más en contacto con nuestra divinidad interior.



Música New Age: se trata de una industria floreciente. Este tipo de música suele promocionarse como un medio para alcanzar la armonía consigo mismo y con el mundo. En parte suele ser música « celta » o druídica. Algunos compositores New Age sostienen que su música tiene como objeto tender puentes entre lo consciente y lo inconsciente, lo cual es especialmente cierto cuando además de melodías hay una repetición meditativa y rítmica de estribillos clave. Al igual que otros muchos fenómenos de la Nueva Era, algunas de estas músicas se proponen como una introducción a este movimiento, pero la mayoría tiene sencillamente una finalidad comercial o artística.



Neopaganismo: término rechazado con frecuencia por aquellos a quienes se aplica. Se refiere a una corriente que sigue un trayecto paralelo al de la Nueva Era y con el cual suele relacionarse. En la oleada de reacción contra las religiones tradicionales, especialmente la herencia judeocristiana de occidente, son muchos los que han vuelto la mirada a las antiguas religiones indígenas, tradicionales, paganas. Se considera que cuanto precedió al cristianismo era más conforme al espíritu de la tierra y de la nación, o que era una forma pura de la religión natural, en contacto con las fuerzas de la naturaleza, a menudo matriarcal, mágica o chamánica. Según dicen, la humanidad será más sana si retorna al ciclo natural de las fiestas (agrícolas) y a la afirmación general de la vida. Algunas religiones « neopaganas » son reconstrucciones recientes cuya verdadera relación con las formas originales puede ser discutible, particularmente en los casos en que están dominadas por componentes ideológicos modernos como la ecología, el feminismo o, en casos raros, por los mitos de pureza racial.



Ocultismo: el conocimiento oculto (escondido) y las fuerzas de la mente y la naturaleza se hallan en la base de las creencias y prácticas vinculadas a una supuesta « filosofía perenne » oculta, derivada, por una parte, de la magia y la alquimia griega antigua, y de la mística judía por otra. Se conservan ocultas mediante un código secreto impuesto a los iniciados en los grupos y sociedades que conservan el conocimiento y las técnicas que implican. En el siglo XIX, el espiritismo y la Sociedad Teosófica introdujeron nuevas formas de ocultismo que, a su vez, han influido en varias corrientes de la Nueva Era.



Panteísmo: (en griego pan = todo y theós = Dios) la creencia de que todo es Dios o, en ocasiones, que todo está en dios y dios está en todo (panenteísmo). Todo elemento del universo es divino, y la divinidad está presente por igual en todo. En esta visión no tiene cabida Dios como un ser distinto en el sentido del teísmo clásico.



Parapsicología: trata de cosas como la percepción extrasensorial, la telepatía mental, la telequinesia, la sanación psíquica y la comunicación con espíritus mediante médiums o el channeling. A pesar de las duras críticas de los científicos, la parapsicología ha ido creciendo y encaja perfectamente en la mentalidad popular de ciertos sectores de la Nueva Era, según la cual los seres humanos tienen habilidades psíquicas extraordinarias, aunque con frecuencia en un estadio poco desarrollado.



Pensamiento Nuevo: movimiento religioso del siglo XIX fundado en los Estados Unidos de América. Tuvo su origen en el idealismo, del cual era una forma popularizada. Se decía que Dios era completamente bueno y el mal una mera ilusión; la realidad básica era la mente. Puesto que es la mente la que causa los acontecimientos de la propia vida, el individuo debe asumir la responsabilidad última sobre cada uno de los aspectos de su situación.



Pensamiento Positivo: convicción de que las personas pueden cambiar la realidad física o las circunstancias externas alterando su actitud mental, pensando de manera positiva y constructiva. A veces es un modo de percibir conscientemente creencias inconscientes que determinan nuestra situación vital. A los adeptos del Pensamiento Positivo se les promete salud, integridad e incluso inmortalidad.



Psicología profunda: la escuela de psicología fundada por C. G. Jung, antiguo discípulo de Freud. Jung reconocía que la religión y los temas espirituales eran importantes para la integridad y la salud. La interpretación de los sueños y el análisis de los arquetipos fueron elementos clave de su método. Los arquetipos son formas que pertenecen a la estructura heredada de la psique humana. Aparecen en los temas o imágenes recurrentes de los sueños, fantasías, mitos y cuentos de hadas.



Rebirthing: (v. Renacer)



Reencarnación: en el contexto de la Nueva Era, la reencarnación está vinculada al concepto de la evolución ascendente hasta convertirse en un ser divino. A diferencia de religiones de la India, o derivadas de ellas, la Nueva Era concibe la reencarnación como el progreso del alma individual hacia un estado más perfecto. Lo que se reencarna es esencialmente algo inmaterial o espiritual; más exactamente, es la conciencia, la chispa de energía que en la persona comparte la energía cósmica o « crística ». La muerte no es sino el paso del alma de un cuerpo a otro.



Renacer: a comienzos de los años 1970, Leonard Orr describió el renacer (rebirthing) como un proceso mediante el cual a una persona puede identificar y aislar áreas de su conciencia sin resolver y que son origen de sus problemas actuales.



Rosacruces: son grupos ocultos occidentales relacionados con la alquimia, la astrología, la teosofía y las interpretaciones cabalísticas de la Sagrada Escritura. La Fraternidad Rosacruciana contribuyó al renacimiento de la astrología en el siglo XX, mientras que la Antigua y Mística Orden de la Rosae Crucis (AMORC) vinculó el éxito con una supuesta capacidad para materializar las imágenes mentales de salud, riqueza y felicidad.



Teosofía: término antiguo, que se refería originalmente a una especie de mística. Se la ha relacionado con los gnósticos y los neoplatónicos griegos, con el Maestro Eckhart, Nicolás de Cusa y Jacob Boehme. La Sociedad Teosófica, fundada por Helena Petrovna Blavatsky y otros en 1875 confirió gran importancia al término. La mística teosófica tiende al monismo, acentúa la unidad esencial de los componentes espirituales y materiales del universo. Busca también las fuerzas ocultas responsables de la interacción entre la materia y el espíritu, de modo que la mente humana y la divina acaben por encontrarse. Es aquí donde la teosofía ofrece la redención mística o la iluminación.



Trascendentalismo: movimiento de escritores y pensadores del siglo XIX de Nueva Inglaterra, que compartían un conjunto idealista de creencias en la unidad esencial de la creación, la bondad innata de la persona humana, y la superioridad de la intuición frente a la lógica y la experiencia para descubrir las verdades más profundas. La figura principal es Ralph Waldo Emerson, que se apartó del cristianismo ortodoxo, y a través de los Unitarios pasó a un nuevo misticismo natural que integraba conceptos del hinduismo con otros de carácter popular americano, tales como el individualismo, la responsabilidad personal y la necesidad de triunfar.



Wicca: antiguo término inglés para designar a las brujas, aplicado a un resurgir neopagano de algunos elementos de la magia ritual. Acuñado en 1939 por Gerhard Gardner en Inglaterra: se basaba en algunos textos eruditos, según los cuales la brujería europea medieval era una antigua religión natural perseguida por los cristianos. Con el nombre « the Craft », se extendió rápidamente en Estados Unidos durante los años 1960, donde se vinculó con la « espiritualidad de las mujeres».
ZSI03092002

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Informe vaticano sobre la Nueva Era: «Jesucristo, portador de agua viva»


CIUDAD DEL VATICANO, 20 septiembre 2003 (ZENIT.org).- En la sección de Documentos de la página web de Zenit puede consultarse la traducción al castellano del informe «Jesucristo, portador de agua viva - Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era», publicado en meses pasados por el Consejo Pontificio para la Cultura y por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. La traducción al castellano ha sido publicada recientemente en la página oficial de la Santa Sede: http://www.vatican.va.
ZSI03092003

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