EL CRECIMIENTO DE LAS SECTAS PROTESTANTES EN AMERICA LATINA

 

“Traté de deshacerme de un Papa, y por el contrario creé cien más”.

Martín Lutero.

Fundador de la Reforma Protestante.

 

AUTOR: GUIDO ROJAS. LICENCIADO EN CIENCIAS RELIGIOSAS.

 

I.                           INTRODUCCIÓN

Sin lugar a dudas la Iglesia Católica continúa siendo hasta nuestros días la entidad  religiosa más importante de Latinoamérica. De hecho, el Venerable Papa Juan Pablo II, el “Grande”, llegó a decir que América Latina era “el continente de la esperanza”, por estar aquí unos 490 millones de fieles. Casi la mitad de los más de 1.100 millones de católicos en todo el mundo. Sin embargo, este gran fortín de creyentes se ha visto amenazado en los últimos tiempos, especialmente por la gran avalancha de “sectas protestantes” que con un celo rabioso y radical contra nuestra Iglesia, han ido ganando cada vez más adeptos a sus filas. Ahora bien, para analizar esta preocupante situación, el siguiente informe contiene una serie de datos sobre diferentes aspectos para formarse una idea general sobre el particular.

II.                      CONTEXTO BIBLICO Y TEOLOGICO

Las raíces de la Iglesia Católica se remontan al propio Jesucristo quien es el “Buen Pastor” (Juan 10,14), la “Cabeza Principal” (Efesios 5,23; Colosenses 1,18), y la “Piedra Angular” (1 Pedro 2,4-7). Al fundar su congregación el Mesías escogió al apóstol Pedro como su representante (o vicario) en la tierra (misión que se ha prolongado por XXI siglos hasta llegar al Papa Benedicto XVI) (Mateo 16,16-18; Lucas 22,32; Juan 21,15-17). Esta labor la haría en compañía de los demás apóstoles, y con la colaboración de los pastores escogidos por ellos mismos  (representados hoy en día por los obispos de todo el mundo en comunión con el Sumo Pontífice) (Mateo 18,18; Efesios 2,20; Hechos 20,28; Tito 1,9; Hebreos 13,17; 1 Pedro 5,1-2).

 

Del mismo modo, la Iglesia de Jesús gozaría de una verdadera unidad (Juan 17,21; Efesios 4,5), fundamentada en la verdad (1 Timoteo 3,15), y abarcando a todos los auténticos seguidores de Cristo (Romanos 10,12; 1 Corintios 12,13), hasta el final de los tiempos (Efesios 3,21). De aquí el término “Católica”, que en griego quiere decir “Universal” (Apocalipsis 7,9). Igualmente, el mandato divino de dar a conocer la “Buena Nueva” en todos los rincones de la tierra (Mateo 24,14; Hechos 1,8), sería efectuado con la asistencia permanente del “Espíritu Santo” (Juan 14,26; 15,26; 16,13).

Por otra parte, uno de los principales obstáculos que ha encontrado el cristianismo desde sus orígenes, han sido las constantes divisiones provocadas por algunos de sus miembros (Romanos 16,17-18; 1 Corintios 1,12-13; 1 Juan 2,18-19), lo que claramente contradice la orden dada por  el “Hijo de Dios”: “Habrá un solo rebaño y un solo pastor” (Juan 10,16). El Propio Señor profetizó que esto sería llevado acabo por los “falsos profetas” (Mateo 7,15.22-23; 24,24: Marcos 13,6.21-22). La misma sentencia bíblica la encontramos en los escritos de los apóstoles Pablo (2 Corintios 11,4), Pedro (2 Pedro 2,1-2) y Juan (1 Juan 4,1). Estos “embaucadores del Evangelio” enseñarán “falsas doctrinas” (Gálatas 1,6-9), propias de “los demonios” (1 Timoteo 4,1), haciendo de la religión “un negocio” (1 Timoteo 6,3-5; Tito 1,11).

III.                 MARCO HISTORICO

Hace más de quinientos años la Iglesia Católica llevó a cabo la misión  evangelizadora en las regiones del “nuevo mundo” que fueron descubiertas por los reinos de España y Portugal, gracias al celo apostólico y la ardua labor de muchos sacerdotes y religiosos del clero secular y de las diferentes comunidades religiosas (llegando incluso algunos hasta el martirio), lograron la conversión al verdadero Dios de las diferentes tribus de indígenas amerindios que adoraban al sol, la luna y las montañas, y a los que muchas veces les ofrecían sacrificios humanos y otra prácticas bárbaras. Así por ejemplo, en México después de la aparición la Virgen de Guadalupe, y el milagro de su imagen en la manta del indio San Juan Diego (1531), se logró en los primeros diez años la cristianización de ocho millones de aztecas. Los historiadores estiman que esta fue casi la misma cantidad de seguidores que perdió la Iglesia Católica en este mismo siglo, por la Reforma Protestante en Europa. 

 

 

Los embastes del protestantismo en nuestras tierras comenzaron a gestarse en 1910, cuando en la primera Conferencia Mundial de Misiones Protestantes realizada en Edimburgo (Escocia), se plantea la propuesta de llegar hasta América Latina. En 1916, en un Congreso de Iglesias Cristianas reunidos en Panamá, se decide dar el gran salto, y para eso deciden cambiar el apelativo de “protestantes” (propio de la ya mencionada reforma), por el de “evangélicos” para así no crear desconfianza y rechazo entre sus futuros neófitos. Para 1929, en otro Evento de Iglesias Evangélicas celebrado en Montevideo (Uruguay), se empezó a hacer una campaña de predicación con un birrete difamatorio contra la Iglesia Católica y la jerarquía eclesiástica.  

En este proceso expansionista también ha habido intereses políticos y económicos provenientes de Norteamérica. Así por ejemplo, el ex-presidente Theodore Roosevelt (1858-1919) dijo de las naciones latinas: “Creo que será larga y difícil la absorción de estos países por los Estados Unidos, mientras sean naciones católicos”. Por su parte, el magnate Rockefeller  entre 1969-1970 recorre América Latina y prepara un informe en el que declara: “La Iglesia Católica ha dejado de ser un aliado de confianza para los Estados Unidos…y por el contrario, se transforma en un peligro porque concientiza a las masas”. Recomienda la difusión de las sectas protestantes para contrarrestar la influencia que tiene el catolicismo en la comunidad.

Como si hubiera sido algo profético en las décadas de 1970 y 1980 los “movimientos cristianos” de carácter “fundamentalistas”, “Carismáticos”, “milenaristas” o “apocalípticos” tales como: “Adventistas del Séptimo Día”, “Mormones”, “Testigos de Jehová”, “Asamblea de Dios”, “Pentecostales” entre muchos otros; empezaron un fuerte proselitismo religioso con gran éxito, apoyados con un alto financiamiento en dólares que se ve reflejado en colegios, universidades, dispensarios, hospitales, clínicas, folletos, revistas, libros, videos, estaciones de radio y televisión, páginas en Internet, programas de alfabetización, seminarios teológicos, escuelas dominicales y estudios de Biblia gratis.  

 

 

 

 

IV.  CUADRO ESTADISTICO

En todo el continente americano más del 80% de sus habitantes son católicos, pero la cifra viene cayendo con rapidez. El protestantismo importado principalmente de Estados Unidos y Puerto Rico, ha conquistado cada vez más terreno.

A comienzos del siglo XX, los no católicos en América Latina eran 50 mil. Para 1940 el número de conversos a las Iglesia Evangélicas era de medio millón. En la década de 1.960 apenas llegaba a 10 millones, y se duplicó en los diez años siguientes. Para 1990 se calculan en 52 millones de protestantes. En el año 2.000 llegaron a 60 millones. Hoy puede haber más de 70 millones de cristianos no católicos en Latinoamérica.       

El crecimiento de las sectas protestantes en los últimos cuarenta años ha sido del 400%.

Según datos reconocidos por la Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe (CELAM), para la década de los noventa (s. XX), cada día un promedio de 9.000 ex católicos se pasaban a otras denominaciones cristianas; para el año 2.000 este número aumentó a 11.000.

En América Latina el  neo-pentecostalismo es la forma del cristianismo que cuenta con el mayor número de miembros después del catolicismo. De 6.000 nuevas congregaciones protestantes que surgen cada año, 4.000 son pentecostales. Más de una tercera parte de todos los cristianos pertenecen a este grupo.

Para el año 2020 los evangélicos llegarán al 50% de la población total en países como Guatemala, Puerto Rico, El Salvador y Honduras.

En los Estados Unidos los católicos en 1900 eran 9.907.000. En 1955 llegaron a 32 millones. Para esta misma fecha los protestantes eran 57 millones de adeptos. Ya para los años noventa casi un millón de hispanos habían dejado la Iglesia Católica desde los pasados quince años. Cada año la cantidad aumenta en una cifra de entre 60.000 a 100.000 ex-fieles. Hoy en día se pueden encontrar tres millones de ex-católicos por sólo 300.000 conversos. Un estudio resiente sobre el tema reveló que en esta nación el cristianismo es la religión del 78,4% de la población, de éstos un 76,4% corresponden al protestantismo y un 23,6% al catolicismo. Hay que resaltar que las cifras han ido cayendo durante las últimas décadas. El mismo informe especificó que la Iglesia Católica (65 millones de creyentes), registra la mayor fuga de feligreses de todas las religiones referidas en el censo. Muchos católicos se han pasado a otros movimientos cristianos como la Evangélica, Baptista, Pentecostales o Adventistas del Séptimo día. Uno de cada diez evangélicos hoy en día fue católico en el pasado. El descenso del número de protestantes en menor, un 2,6%, entre metodistas, luteranos, presbiterianos o episcopalianos que se pasan a las nuevas sectas evangélicas que abarcan un 51% de todas las denominaciones protestantes.  

México es el segundo país con mayor cantidad de católicos del mundo (85 millones). Desde 1970 su población católica ha decaído notablemente. Los protestantes que eran un 7,3%, para el año 2.005 llegaron al 20%.

En América Central el 66,4% de sus habitantes se declaran católicos.

Desde 1960 las sectas cristianas se han triplicado en República Dominicana, cuadruplicado en Puerto Rico, quintuplicado en El Salvador y Costa Rica, sextuplicado en Guatemala (La cuarta parte de la población indígena se identifica ahora como evangélica). El menor índice de incremento corresponde a Cuba.    

En América del Sur el 86,8% de la población son católicos. Mientras que más de 35 millones de personas pertenecen a iglesias y sectas protestantes.

En Brasil donde se encuentra el mayor número de católicos del mundo (130 millones), se ha visto un marcado paso de fieles a otros grupos cristianos. Así por ejemplo, A inicios del siglo XX el 99% de la población brasileña se reconocía católica, para los años cincuenta eran el 93,5%, para la década de los 80 al 2.000 disminuyeron al 89%, hoy son el 73,8%. En el mismo lapso de tiempo las iglesias cristianas han pasado de 0,5% al 15%. La adhesión de personas a las iglesias y sectas protestantes se ha triplicado en  los últimos 30 años. A finales de los años noventa había 16 millones de protestantes, es decir, ciento por ciento más de los que existían a comienzos de la década del 80. Cada año un millón de personas abandonan el catolicismo. En diez años, la Iglesia Católica habrá perdido una cuarta parte de sus miembros, y los evangélicos representarán un 18% de la población. Entre más de 100 denominaciones cristianas, las más difundidas son: Pentecostales, la Asamblea de Dios, la Iglesia Cristiana de Brasil, la Bautista, la Iglesia Universal del Reino de Dios, los Adventistas del Séptimo Día y los Testigos de Jehová. 

 En Chile en la última década los grupos evangélicos han logrado la deserción de la décima parte de la población católica, y siguen en aumento.

En Argentina, en veinte años, cuatro millones de personas se habrán alejado del la Iglesia Católica. Los evangélicos representarán el 10% de la población, y el doble en los barrios pobres de las grandes ciudades.

En Colombia hace veinte años el 90% de su población se declaraba católica. Hoy en día con un censo estimado en 44 millones de habitantes, puede haber dos millones y medio de evangélicos, y adeptos a otras religiones y sectas cristianas (especialmente las de carácter carismático), lo que equivale al 17,6%.

V.  EL PLANO PASTORAL

En la III Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe en Puebla (1979), se abordó el tema de la invasión de las sectas fundamentalistas como un “desafío” para la Iglesia Católica. Ya para la IV Conferencia Episcopal celebrada en Santo Domingo (1992), se cambió la expresión por un “reto”.

El 1 de septiembre de 1986, en la revista Newsweek, el arzobispo de Salvador de Bahía (Brasil), cardenal Lucas Moreira Neves, declaró que “la primavera de las sectas  podría significar el invierno de la Iglesia Católica”. En el mismo reportaje, monseñor B. Kloppenburg no duda en afirmar que el paso de católicos a las sectas en Latinoamérica es en la actualidad superior cuantitativamente al que se dio en Europa Central durante el siglo XVI del catolicismo al protestantismo.

En febrero de 1996, en un viaje apostólico del Papa Juan Pablo II a Guatemala, Nicaragua, el Salvador y Venezuela, dijo que “en los últimos decenios (haciendo referencia desde los años 1960) la acción misionera de la Iglesia no se ha mantenido a mismo ritmo de la expansión demográfica y ha sido contrarestada, especialmente en América Latina, por la acción disgregadora de las sectas”. En este mismo sentido, el arzobispo de la capital guatemalteca, Próspero Penados del Barrio, expresó que “el Papa viene a tratar de consolidar la Iglesia y a animar los obispos (…) pero cada día nace una nueva secta, y al multiplicarse las sectas pierde fuerza la Iglesia”.  

En mayo del 2007, en la V Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe que se efectuó en el santuario mariano de Aparecida (Brasil), el Papa Benedicto XVI, declaró que la principal meta de este encuentro de obispos era “recuperar a los católicos apartados”. Del mismo modo, en el numera 225 del “Documento Conclusivo”, se puede leer lo siguiente: “Según nuestra experiencia pastoral, muchas veces, la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos ‘no católico’ creen, sino, fundamentalmente, por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivénciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia. Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes. Buscan, no sin serios peligros, responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debería ser, en la Iglesia”.

En marzo del 2008, en el acto de inauguración del Primer Encuentro de los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades, que se realizó en Bogotá (Colombia), y en el que participaron 18 obispos de América Latina y delegados de unos 50 grupos de seglares, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, presidente del CELAM, afirmó que “la Iglesia pierde miembros e influencia en la sociedad. Una de las razones para que ocurra esté fenómeno es que han crecido los grupos pentecostales (evangélicos, carismáticos, etc.…) algo que habla bien del pueblo, porque siguen invocando a Cristo, pero no hablan bien de nosotros como Iglesia”. Por su parte, monseñor Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, aseguró en su discurso que en “nuestro mundo proliferan falsos maestros que hacen promesas de felicidad a bajo precio”.

VI.  PRINCIPALES DIFICULTADES

El bajo número de ministros ordenados a nivel mundial. Entre 1961 y el 2008 la cifra pasó de 406.509 a 412.394 (2,6% del total de católicos hoy en día), (incluidos obispos y diáconos). Se estima que en América Latina hay un sacerdote en cada parroquia para un promedio de 10.000 a 15.000 fieles. Mientras que cada comunidad protestante puede disponer de tres a cinco pastores para un rebaño que no supera los 300 adeptos. Del mismo modo, es fácil ya encontrar en un mismo sector de una zona urbana o rural, una sola parroquia por tres a cinco congregaciones cristianas de diferentes denominaciones. Igualmente, por una nueva iglesia católica que se construye se levantan seis templos protestantes.

En marzo del 2003, el cardenal Crescenzio Sepe, prefecto de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, dijo en un sitio en Internet de la Ciudad del Vaticano, que “la gran tentación de las últimas décadas (…) ha sido la de olvidarse de la proclamación explícita de Cristo y de la dimensión espiritual de la misión “ad gentes” (a los pueblos). Esto ha hecho que la labor de algunos misioneros se reduzca a una especie de filantropía falta de espíritu, una obra social que, aunque útil, no tiene el carácter apostólico que resuena en el libro de Hechos de los Apóstoles”.

 

En abril de 2004, el padre Andrea Fontana, director de la Oficina Catequística Diocesana de Turín (Italia), escribió en un artículo publicado en el rotatorio católico Avvenire, “¿Cuánto conocen de la Biblia los sacerdotes?”, a lo que respondió: “Aparte de los cursos recibidos en el seminario, pocos (párrocos) continúan estudiando la Biblia (…) Las homilías dominicales suelen ser el único momento en que muchos fieles tienen la posibilidad de oír hablar del texto bíblico y aproximarse a este”.

VII.               POSIBLES SOLUCIONES

Desde el Concilio Vaticano II (1962-65) hasta nuestros días, varios documentos pontificios han resaltado la importancia de que los seglares que son la gran mayoría del pueblo católica (97,4%), deben asumir por el sacramento del bautismo su papel de “Reyes”, “Sacerdotes” y “Profetas”. En este mismo aspecto, los diferentes movimientos laicales como: la “Acción Católica”, el “Opus Dei”, la “Renovación Católica Carismática”, el “Camino Neocatecumenal”, los “Cursillos de Cristiandad”, la “Legión de María”, “Comunión y Liberación”, los “Caballeros de Colón”, los “Heraldos del Evangelio” entre muchos otros; tienen una gran responsabilidad en el apostolado.  

El ya mencionado Papa Juan Pablo II en un viaje pastoral a la isla de Haití (1983), propuso la llamada “Nueva Evangelización”, que deberá enfocarse en tres aspectos importantes: 

-         Nueva en su ardor.

-         Nueva en sus métodos.

-         Nueva en su formulación.

En el año 1988, la Conferencia Episcopal de México presenta un informe sobre la “Doctrina y la Fe”, en donde declaran que se debe insistir en los contenidos esenciales de nuestra religión, acentuado principalmente en:

-         La Divinidad de Jesucristo.

-         La Eucaristía.

-         La Iglesia Católica como Cuerpo Místico de Cristo.

-         La Virgen María.

-         El culto a las Imágenes Sagradas.

-         El sentido auténtico de la Biblia  dentro de la Iglesia.

En el numeral 229 del “Documento Conclusivo de Aparecida”, dice: “Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene porqué ser negativa o meramente defensiva perse. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo ‘haciendo la verdad en la caridad’ (Ef. 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él”.

En octubre de 2008, se llevó a cabo en la ciudad del Vaticano el “Sínodo de Obispos”, donde los altos jerarcas puntualizan sobre el tema de “La Biblia y el fenómeno de las sectas”, seguir los siguientes pasos:

 

-         Una correcta hermenéutica de las páginas bíblicas. Intensificar la actividad pastoral para proporcionar el alimento de la Palabra de Dios a los fieles que la buscan.

 

-         Aprender de la rica experiencia de los primeros siglos de la Iglesia que sin embargo conocieron fenómenos análogos.

 

-         Conocer mejor las características peculiares, las causas y los promotores de las sectas tal como se presentan hoy.

 

-         Ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas.

 

-         Impulsar grupos que compartan y mediten las Sagradas Escrituras para contrarrestar la atracción de las sectas y del fundamentalismo.

 

-         Es necesario que los sacerdotes estén adecuadamente preparados para afrontar estas nuevas situaciones, haciéndoles capaces de proponer una animación bíblica de la pastoral, adaptada a los problemas que siente la gente de hoy.

  

 

-         Pedimos a la Santa Sede que estudie, en colaboración con las Conferencias Episcopales y las estructuras competentes de las Iglesias Orientales Católicas, el fenómeno de las sectas en su amplitud global y en sus repercusiones también locales.

 

 

 

 

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