REFLEXIONES
SOBRE EL CONCEPTO DE SECTA
Y RESPUESTA A ALGUNAS ACUSACIONES
DIRIGIDAS A GRUPOS CATÓLICOS
Mons. Christoph Schönborn. O.P.
Arzobispo de Viena
"No pueden considerarse sectas los
grupos aprobados por la autoridad
eclesiástica"
CLARIFICACIÓN DE CONCEPTOS
Desde hace algún tiempo, en los
medios de comunicación social se
habla de "sectas intra-eclesiales" o
de "sectas intra-católicas". Se
quiere así criticar una serie de
movimientos y comunidades que han
surgido en los últimos decenios.
Antes, a muchos de estos nuevos
grupos se les solía tachar de "conservadores"
o "fundamentalistas"; ahora se los
trata de aislar como "sectas intra-eclesiales"(1).
Nos quieren alertar contra ellos
como contra las sectas clásicas o
las así llamadas "religiones de los
jóvenes", que constituyen un peligro
para la salud psíquica de las
personas y las tratan
de modo inhumano. Muchos fieles
saben que siempre ha habido, y hay
también hoy, sectas que se separan
del cristianismo. Pero a muchos
cristianos les resulta sorprendente
que existan sectas también dentro de
la Iglesia, aunque esos grupos hayan
obtenido el reconocimiento y la
aprobación de la Iglesia.
EL CONCEPTO DE SECTA
El concepto de secta surge en el
ámbito religioso-eclesial, pero
recientemente se ha ampliado también
a una dimensión político-social. Por
eso, está perdiendo su precisión
científica y su carácter inequívoco.
En el lenguaje común se usa cada vez
más como un eslogan para señalar a
ciertos grupos que se considera
peligrosos, porque transgreden
valores fundamentales de la sociedad
democrática liberal. Por lo general
hoy se suelen considerar como signos
distintivos de una secta: la
formación de grupos selectos que se
apartan del ambiente social y con
frecuencia se oponen a él; y la
creación de formas alternativas de
vida que a menudo llevan a extremos
lejanos a la realidad y a
exageraciones malsanas. Como
características internas de una
secta, además del intento de
conservar una meta o un ídolo
espiritual opuesto a lo convencional,
se suelen citar: el rechazo de
valores fundamentales hoy, como la
libertad personal y la tolerancia,
así como una búsqueda, a veces
militante, de las actitudes opuestas,
un estilo de vida totalitario; la
supresión de la conciencia de los
miembros; la exclusión de los que
están fuera del grupo; y cierta
tendencia a controlar la sociedad o
algunos de sus sectores. A un grupo,
en el que se manifiestan algunas de
estas características, se le suele
llamar secta.
En el lenguaje religioso, que es
el más adecuado (y, por ello, el más
preciso) para tratar el problema,
una secta es un grupo que se ha
separado de las grandes Iglesias, de
las Iglesias populares. A menudo las
sectas conservan algunos valores,
ideas religiosas o formas de vida de
las comunidades eclesiales
fundamentales, pero los absolutizan,
aíslan y
realizan en una vida comunitaria
rígidamente separada de la unidad
originaria y orientada a la
conservación y la protección de sí
misma. He aquí algunos signos
distintivos, vinculados con estos
datos fundamentales: ideas
religiosas desequilibradas (por
ejemplo, la inminencia del fin del
mundo); el rechazo de toda
comunicación espiritual con personas
que piensen de otra manera; un
entusiasmo exagerado al presentar y
realizar la propia visión; un fuerte
proselitismo y un convencimiento
exagerado de su misión con respecto
a un mundo al que se desprecia; un
absolutismo de la salvación que
limita la posibilidad de alcanzarla
a un número determinado de personas
que pertenecen a dicho grupo.
En la teología católica una secta
se caracteriza sobre todo por el
abandono de la verdad
bíblico-apostólica común y de los
contenidos centrales de la fe. Por
eso, a juicio de la Iglesia, la
secta siempre está vinculada con la
herejía y el cisma.
No se necesita haber estudiado
teología para reconocer la
contradicción fundamental que
implica el eslogan: "sectas intra-eclesiales".
La presunta existencia de sectas
dentro de la Iglesia conlleva
indirectamente también un reproche
al Papa y a los obispos, que tiene
la responsabilidad de examinar las
asociaciones eclesiales para ver si
su doctrina y sus actividades van de
acuerdo con la fe de la Iglesia. Por
eso, el hecho de que la autoridad de
la Iglesia no reconozca a una
asociación forma parte esencial de
la determinación teológico-eclesial
de la misma como secta. Las sectas
se
encuentran fuera de la Iglesia (y
también fuera de los compromisos
ecuménicos). Las sectas se hallan
aisladas y, por su auto-comprensión,
no quieren verse sometidas a examen
por parte de la autoridad
eclesiástica. Por el contrario, las
comunidades eclesiales reconocidas
se mantienen en contacto continuo
con los responsables en la Iglesia.
Sus estatutos y su estilo de vida
son examinados. Por ello, no es
justo que ciertas instituciones,
personas o medios de comunicación
tachen de sectas a comunidades
reconocidas por la Iglesia, o
incluso que llamen "prácticas
sectarias" al estilo de vida que
sigue los tres consejos evangélicos.
Según la legislación de la
Iglesia, los fieles tienen derecho a
fundar asociaciones. Corresponde a
los obispos y a la Santa Sede el
deber de examinar las nuevas
comunidades y los nuevos movimientos
-con lenguaje paulino, se habla
también de nuevos carismas- y, si es
el caso, reconocer su autenticidad.
La autoridad eclesiástica debe
promover y sostener lo que el
Espíritu suscita en la Iglesia.
También debe intervenir y corregir,
si se producen errores o
desviaciones en la doctrina o en la
praxis. Aquí radica la gran
diferencia con una secta, la cual no
tiene y no reconoce una autoridad
exterior, mientras que los grupos
eclesiales se someten consciente y
libremente a la autoridad de la
Iglesia, siempre dispuestos a
aceptar las correcciones que pueda
hacerles. Y esta verdad se puede
confirmar con numerosos ejemplos
concretos.
Libero Gerosa resume los
criterios esenciales de los carismas
auténticos de la siguiente manera:
"Los carismas son gracias especiales
que el Espíritu distribuye
libremente entre los fieles de todo
tipo y con los que los capacita y
dispone para asumir varias obras y
funciones, útiles para la renovación
de la Iglesia y para el desarrollo
de su construcción. Algunos de estos
carismas son extraordinarios, otros,
por el contrario, sencillos y mucho
más difundidos, pero el juicio sobre
su autenticidad corresponde, sin
ninguna excepción, a los que
presiden en la Iglesia, a los que
compete no extinguir los carismas
auténticos"(2). En todo caso, nadie
debería dejarse turbar por el hecho
de que los medios de comunicación
presenten como "sectas
intraeclesiales" a algunas
comunidades aprobadas por la Iglesia.
Si hubiera dudas o preguntas,
siempre existe la posibilidad de
informarse con mayor detalle en los
organismos competentes de la Iglesia.
EL CONCEPTO DE FUNDAMENTALISMO
La palabra fundamentalismo se
refiere originariamente a un
movimiento religioso-ideológico que
surgió en Estados Unidos antes de la
primera guerra mundial. Hacia una
interpretación estrictamente literal
de la Biblia (sobre todo de los
relatos de la creación) y se
convirtió en un movimiento colectivo
conservador protestante. Los
aspectos típicos del fundamentalismo
actual, en su país de origen, son:
el rechazo de toda visión
histórico-critica de los textos
bíblicos; la orientación casi mítica
hacia un pasado idealizado, el
rechazo de to-da valoración positive
del desarrollo moderno; un moralismo
penetrante y critico sobre todo de
los excesos de la sociedad de
consumo, a veces también ciertas
tendencias políticas de extrema
derecha y afirmaciones créticas
sobre la democracia. En la filosofía
y sociología modernas ese
fundamentalismo americano, como
expresión de la American civil
religion, es valorado críticamente,
pero, a pesar de todo, se le
considera un fenómeno serio frente a
las aporías del liberalismo extremo.
Distinto de este significado es el
concepto, elaborado sólo en la
década de 1980 en Europa, de un
fundamentalismo religioso, expresión
bastante confusa e imprecisa.
Dicho concepto abarca fenómenos
tan diferentes como el extremismo
fanático musulmán que, en el caso de
una desviación de la religión, es
también favorable a la aplicación de
la pena de muerte y, por otra parte,
el compromiso de cristianos
católicos de conservar la fe
tradicional de la Iglesia .La
sospecha de fundamentalismo afecta,
sin distinción tanto a algunas
asociaciones eclesiales, que desde
el inicio han acatado los principios
fundamentales de la Iglesia y son
fieles al concilio Vaticano II, como
a los seguidores de monseñor Marcel
Lefebvre.
En el fondo, el concepto de
fundamentalismo se utiliza a menudo
como eslogan para atacar a alguien,
más que como expresión para
describir un fenómeno espiritual
claramente determinado. En este
contexto, se habla a veces también
de dogmatismo, de integrismo, de
tradicionalismo, de sospecha con
respecto a personas que piensan y
viven de forma diversa, o del miedo
ante la propia decisión.
Lo que la crítica pretende con
relación al fundamentalismo es
rechazar una actitud de la fe
caracterizada por el miedo y la
incertidumbre, que no admite ningún
desarrollo del dogma y de la
comprensión de la verdad, se atiene
firmemente a formas y fórmulas
rígidas, y no se atreve a exponerse
a la praxis de la vida que cambia.
Esta forma de crítica es objetiva.
Con todo, algunos críticos tienden a
considerar fundamentalistas a todos
los grupos o movimientos que, a
pesar de los múltiples cambios
actuales, se mantienen firmes en
profesar la existencia de verdades
permanentes y de valores que obligan,
y que no se apartan "de la plenitud,
de la forma estructurada y de la
belleza del mundo de la fe católica"(3).
Esos críticos deberían preguntarse
si no corren ellos mismos, a veces,
el peligro de caer en un relativismo
con respecto a los valores y a la
verdad, sosteniendo al mismo tiempo
cierta pretensión de absoluto, al
querer decidir por sí mismos cuáles
son los fundamentos de la realidad
actual de la vida y de la fe.
En su nuevo libro "La sal de la
tierra", el cardenal Ratzinger
responde a la pregunta sobre el
significado y el peligro del
fundamentalismo moderno de modo muy
preciso: "Un elemento común a todas
esas corrientes, que nosotros
llamamos fundamentalistas, es su
afán por encontrar una fe segura y
sencilla. Esto, en sí mismo, no es
malo, todo lo contrario, porque la
fe -como tantas veces se nos repite
en el Nuevo Testamento- se dirige a
los sencillos, a los pequeños, a los
que no son capaces de captar
complicadas sutilezas académicas. Si
en nuestra vida actual pesa tanto la
falta de
seguridad, las dudas, y la ausencia
de fe en la verdad conocida, desde
luego no vivimos de acuerdo con el
modelo de vida que la Biblia nos
propone. Pero ese deseo de seguridad
y sencillez, del que hablábamos,
puede ser peligroso y acabar en un
puro fanatismo y en estrechez de
miras. Cuando las razones de la fe
son dudosas, también se falsea la fe.
Y entonces se convierte en una idea
partidista, que ya nada tiene que
ver con el dirigirse confiadamente a
un Dios vivo causa de nuestra vida.
Entonces se producen formas
patológicas de religiosidad, como,
por ejemplo, esas búsquedas de
apariciones, con mensajes del más
allá, y otras cosas por el estilo.
Los teólogos, en vez de referirse
con superficialidad a los
fundamentalismos cada vez más
extendidos, deberían detenerse a
reflexionar sobre qué parte de culpa
puedan tener ellos de que tantas
personas huyan hacia otras formas de
religiosidad más estricta y a veces,
incluso, perjudiciales para el
hombre. Si continuamos
cuestionándolo todo, sin dar las
respuestas positivas de la fe, no
podremos evitar una gran huida(4).
RESPUESTA A ALGUNAS CRÍTICAS
En la primera parte de este
articulo he tratado de aclarar
brevemente los conceptos de secta y
de fundamentalismo; ahora, en esta
segunda, responderé a las diversas
críticas que se hacen a las nuevas
comunidades eclesiales. Como he
explicado, no se puede tacharse
sectas a los grupos y movimientos
reconocidos por la Iglesia, pues la
aprobación eclesiástica atestigua su
arraigo en la Iglesia. A veces son
muchas las críticas que se lanzan
contra los nuevos carismas, a pesar
de su reconocimiento por parte de la
Iglesia. A este respecto, es preciso
tener presente que se debe
distinguir entre la doctrina y la
actividad de estas comunidades,
reconocidas por la Iglesia como
carismas, y las debilidades de
algunas personas. Todos sabemos que
el obrar humano es imperfecto. Por
ello, hay que subrayar una vez más,
que la autoridad de la Iglesia debe
intervenir donde se produzcan
desviaciones. Algunas críticas que
se han hecho son: lavado de cerebro,
aislamiento y separación del mundo,
alejamiento de la familia,
dependencia de personalidades
carismáticas, creación de
estructuras intra-eclesiales propias,
violación de derechos humanos,
problema de los ex-miembros. Trataré
de responder a esas críticas:
LAVADO DE CEREBRO
Este término ni siquiera es
aplicable al cambio de la
personalidad que a menudo se produce
dentro de las sectas, pues con él se
quiere aludir a métodos inhumanos,
aplicados por regímenes totalitarios,
para influenciar y cambiar la
personalidad del hombre. Ese término
no se puede aplicar de ninguna
manera a la formación de los
miembros de comunidades eclesiales,
puesto que la formación es una
transformación, querida libremente,
que respeta la dignidad humana; una
transformación de toda la persona en
Cristo, que deriva de la llamada
programática de Jesús a convertirse
y a creer (cf. Mc 1, 14 ss). Quien
sigue la llamada de Jesús en la
gracia y en la libertad, adquiere
una visión sobrenatural de la vida
en todas sus dimensiones. También
San Pablo, en una de sus cartas,
habla de esta transformación, cuando
afirma: "No os acomodéis al mundo
presente, antes bien transformaos
mediante la renovación de vuestra
mente, de forma que podáis
distinguir cuál es la voluntad de
Dios: lo bueno, lo agradable, lo
perfecto"(Rm 12, 2). En la tradición
cristiana, ese proceso se suele
llamar metánoia: conversión de vida.
Tal cambio de vida se basa en la
experiencia de ser llamado por el
Dios vivo a seguirlo en un camino
particular. La conversión es un
proceso de
vida, que requiere una continua
decisión libre del cristiano. Es
deber de las comunidades eclesiales
controlar que la decisión de seguir
la llamada sea libre. Una serie de
directrices canónicas está orientada
a ello.
AISLAMIENTO Y SEPARACIÓN DEL
MUNDO
El Evangelio dice que los
cristianos no son "del mundo" (En
17, 16), sino que cumplen su misión
"en el mundo" (En 17, 18).
Alejamiento del mundo no significa
separación de los hombres y de sus
alegrías, preocupaciones y
necesidades, sino alejamiento del
pecado. Por tanto, Jesús ora por sus
discípulos:"No te pido que los
retires del mundo, sino que los
guardes del maligno" (En 17, 15). Si
los cristianos no hacen ciertas
cosas como los demás, o si no siguen
completamente la moda, no quiere
decir que desprecien el mundo. Sólo
rechazan lo que va en contra de su
fe o lo que no consideran más
importante porque han encontrado "el
tesoro escondido en un campo" (Mt
13, 44). La unión con Cristo debe
impulsarlos a no apartarse a un
mundo propio, sino a santificar el
mundo, transformándolo en la verdad,
en la justicia y en la caridad. En
una sociedad marcada por los medios
de comunicación social, en la que la
Iglesia debe ser una "casa de
cristal", debemos afrontar también
el desafío de ser transparentes en
el sentido de la primera carta de
San Pedro, es decir, "siempre
dispuestos a dar respuesta a todo el
que os pida razón de vuestra
esperanza" (I Pe 3, -15). Esto vale
también para las comunidades
contemplativas, que viven dentro de
las paredes del monasterio y,
mediante la oración y el sacrificio,
se dedican al bien de los hombres.
En efecto, la Iglesia, por una
parte, es una "sociedad de
contradicción"(5); y, por otra, una
comunidad misionera en medio del
mundo.
En varias ocasiones el Concilio
Vaticano II puso de relieve ese
aspecto, citando-entre otras fuentes-
el antiguo Discurso a Diogneto. En
ese Discurso, escrito entre el siglo
II y el III, se subraya que los
cristianos, como todos los hombres,
viven en el mundo, pero al mismo
tiempo se oponen al espíritu del
mundo, porque tienden a una meta que
está más allá del mundo.
Precisamente así cumplen su misión
por el bien del mundo.
"Para decirlo brevemente, lo que
es el alma en el cuerpo eso son los
cristianos en el mundo. El alma está
esparcida por todos los miembros del
cuerpo, y cristianos hay por todas
las ciudades del mundo. Habita el
alma en el cuerpo, pero no procede
del cuerpo; así los cristianos
habitan en el mundo, pero no son del
mundo. El alma invisible está
encerrada en la cárcel del cuerpo
visible; así los cristianos son
conocidos como quienes viven en el
mundo, pero su religión sigue siendo
invisible. La carne aborrece y
combate al alma, sin haber recibido
agravio alguno de ella, porque no le
deja gozar de los placeres, a los
cristianos los aborrece el mundo,
sin haber recibido agravio de ellos,
porque renuncian a los placeres(...).
Los cristianos viven de paso en
moradas corruptibles, mientras
esperan la incorrupción en los
cielos. El alma, maltratada en
comidas y bebidas, se mejora; lo
mismo los cristianos, castigados de
muerte cada día, se multiplican más
y más. Tal el puesto que Dios les
señaló y no les es lícito desertar
de él"(6)
ALEJAMIENTO DE LA FAMILIA
El respeto y la solicitud amorosa
hacia los padres y familiares forma
parte esencial del mensaje cristiano.
Pero si se trata de la llamada a su
seguimiento particular, Jesús pide
que también se alejen de su familia:
los Apóstoles abandonaron su familia,
su profesión, su patria. Ese modo de
seguir a Cristo continúa en la
historia hasta nuestros días.
Algunos padres se alegran de que uno
de sus hijos o hijas tome esa
decisión, pero, a este respecto,
pueden surgir conflictos con los
familiares. Jesús mismo los previó
(cf. Mt 10, 37).
Dejar que un hijo se marche no
siempre es fácil, ni siquiera en el
caso del matrimonio. De todos modos,
si se abandona la casa por la
llamada de Jesús y con plena
libertad, no se trata de huir de los
deberes familiares, y no se puede
achacar a un influjo injustificado
por parte de una comunidad. Sólo
sería criticable si se buscara
adrede una ruptura con los
familiares que se esfuerzan también
por vivir su fe cristiana. En efecto,
todo miembro de la familia es libre
de escoger su camino en la vida.
También a este propósito es preciso
ser tolerantes, respetando la
decisión de la conciencia de la
persona.
Ciertamente, en el pasado se han
producido situaciones difíciles, y
también se dan hoy conflictos como,
por ejemplo, el de las comunidades
que influyen en menores de edad
contra la voluntad de sus padres, o
el de algunos padres que no
comprenden o no aceptan la decisión
de un hijo que quiere entrar en una
comunidad religiosa. Sin embargo, si
se vive el seguimiento de Jesús con
amor, con decisión y con afecto
cristiano, y si se respeta la libre
decisión de cada uno, se puede crear
una relación de confianza entre la
familia natural y la espiritual, con
resultados muy positivos. Muchos
hombres, por propia experiencia,
pueden atestiguarlo.
DEPENDENCIA DE PERSONALIDADES
CARISMÁTICAS
Es preciso distinguir con esmero
entre personas que utilizan su
capacidad de modo egoísta y falso
para dominar a los demás y hacerlos
dóciles, y las personas realmente
carismáticas, que también las hay
hoy en la Iglesia. Éstas ofrecen
todo su ser "con pureza" (II Cor 6,
6) por el bien de la Iglesia y de
los hombres. En la historia de la
salvación encontramos continuamente
nuevas personalidades carismáticas.
Su prototipo es Jesucristo mismo.
Siguiendo su ejemplo, innumerables
hombres y mujeres han descubierto su
camino en la vida y su felicidad.
Fundadores y otros hombres
carismáticos, como San Benito, San
Ignacio, Santa Clara o Santa Ángela
de Merici, se esforzaron por ganar a
otras personas para Cristo. Dios los
envió como un regalo a su Iglesia.
Con la libertad de los hijos de
Dios, transmitieron a otros la
riqueza sobrenatural de su vida, y
siempre se sometieron a la autoridad
de la Iglesia. ¿No debemos dar
gracias a Dios porque nos regala
también hoy personas tan llenas de
espíritu? Además de conservar las
estructuras establecidas y
consolidadas, ¿no debemos también
estar abiertos al soplo del Espíritu
Santo, que es el alma de la iglesia?
CREACIÓN DE ESTRUCTURAS INTRA-ECLESIALES
PROPIAS
A menudo se critica a ciertos
grupos porque forman una "iglesia
dentro de la Iglesia". Para evitar
ese peligro, es preciso buscar
siempre una relación equilibrada
entre estructuras eclesiales
existentes, sobre todo la parroquia,
y los nuevos grupos. A este respecto,
el cardenal Ratzinger afirma: "A
pesar de los grandes cambios
esperados, en mi opinión, la célula
principal para la vida comunitaria
seguirá siendo la parroquia (...)
Habrá que aprender a caminar uno
junto a otro, y eso, sin duda alguna,
supone un enriquecimiento. ¿Con qué
rapidez sucederá esto en la historia?
Dependerá, seguramente, de que haya
grupos con un carisma determinado
debido a la personalidad de su
fundador y de que se mantengan
unidos recorriendo juntos un camino
espiritual específico. El
intercambio de experiencias entre la
parroquia y cada uno de esos
movimientos será muy necesario,
porque cada movimiento tendrá que
estar unido a la parroquia para no
verse convertido en secta, y la
parroquia necesitará de esos
movimientos para no quedarse
entumecida. Actualmente, en las
órdenes religiosas se han creado
otras formas de vida en medio del
mundo. Cualquiera que lo desee puede
comprobar, y se asombrará de ello,
la diversidad de formas de vida
cristiana totalmente
nuevas ya existentes, y seguramente
en medio de todas ellas podría
entreverse la Iglesia de mañana"(7).
VIOLACIÓN DE DERECHOS HUMANOS
Desde tiempos antiguos el núcleo
dela vida consagrada fue el
seguimiento de Cristo en el celibato
(en la virginidad), en la obediencia
y en la pobreza. Quien elige este
camino y, después de varios años de
reflexión y de oración, asume sus
respectivos compromisos, renuncia a
determinados derechos por una libre
decisión de conciencia: al derecho
de contraer matrimonio; al derecho a
la autodeterminación; y al derecho a
administrar y a adquirir bienes de
forma independiente. El Concilio
enseña: "Los consejos evangélicos de
castidad consagrada a Dios, pobreza
y obediencia tienen su fundamento en
las palabras y el ejemplo del Señor.
Recomendados por los Apóstoles, los
Padres de la Iglesia, los doctores y
pastores, son un don de Dios, que la
Iglesia recibió de su Señor y que
con su gracia conserva siempre"(8).
La decisión de seguir esa forma de
vida, si se toma voluntariamente, no
viola los derechos humanos, sino que
es la respuesta a una llamada
particular de Cristo. De todos modos,
los responsables de las diversas
comunidades deben apoyar la
disponibilidad de los miembros con
sinceridad y ayudarles a que
fructifique en el espíritu de una
verdadera comunión, para la
edificación de la Iglesia y para el
bien de los hombres.
EL PROBLEMA DE LOS EX-MIEMBROS
En todas las comunidades
religiosas los nuevos miembros
disponen de un tiempo de
conocimiento recíproco, de
crecimiento y de auto-examen, como
preparación para un compromiso
definitivo. Los superiores también
tienen derecho a expulsar a alguno,
si se producen ciertos hechos
graves. Por desgracia, también hay
abandonos o expulsiones, cuando
alguien da un paso definitivo.
Algunos de los que han abandonado
una comunidad conservan un buen
contacto y, de común acuerdo, siguen
su camino. Naturalmente, las
comunidades reconocidas por la
Iglesia también deben ofrecer a sus
miembros y ex-miembros la
posibilidad de dirigirse, en caso de
conflicto, a las instancias
eclesiásticas competentes.
Ahora bien, algunos de los ex-miembros
difunden sus experiencias negativas
en los medios de comunicación
social. Donde haya personas que
viven juntas, hay inevitablemente
límites y debilidades. Pero eso no
justifica que se presenten las
propias dificultades en el interior
de una comunidad como válidas en
general. Esas experiencias negativas
de algunos son siempre dolorosas
para la entera comunidad de la
Iglesia. Tales experiencias a menudo
son destacadas por la publicidad
secular, a la cual, normalmente, no
le interesan las cuestiones
doctrinales, sino sólo los
comportamientos y las consecuencias
que de ellas derivan. En la
discusión se pone de relieve que la
Iglesia, en sus diversas comunidades,
es una "sociedad de contradicción"
ante la sociedad liberal y secular.
"Quien acepta la religión sólo en la
forma de una religión civil adaptada
a la mentalidad social, considerará
sospechoso todo lo que sea
radical"(9). Si una crítica se basa
en una acusación realmente seria, la
autoridad eclesiástica la examinará
a fondo; una crítica puede llevar
también a una purificación y a un
mejor crecimiento de esa comunidad.
En el Informe Vaticano de 1986 sobre
"el fenómeno de las sectas o nuevos
movimientos religiosos" se afirma,
al respecto, que actitudes sectarias
(como, por ejemplo, la intolerancia
y el proselitismo agresivo, citadas
en dicho Informe) no bastan para
constituir una secta, pues pueden
darse también en comunidades
eclesiales. Ahora bien, se afirma
textualmente que estos grupos "pueden
cambiar positivamente mediante una
profundización de su formación
cristiana y a través del contacto
con otros cristianos. En este
sentido, dichos grupos pueden crecer
dentro de una mentalidad y actitud
más eclesiales"(10). Esta actitud
eclesial se requiere en ambas partes:
en las comunidades, para que
presenten su carisma como un don
entre muchos otros (rechazando así
la tentación de una "pretensión
eclesiástica absolutista") y también
en los que no tienen un acceso
inmediato a esas formas de vida
eclesial, porque reconocen en esas
comunidades un don del Espíritu, que
da la vida, un don que brinda a
muchos hombres un acceso a la fe.
Hoy, en varios países del mundo,
está apareciendo un nuevo deseo de
vivir más resueltamente el mensaje
de Cristo, a pesar de todas las
debilidades humanas; de servir a la
Iglesia en comunión con el Santo
Padre y los obispos. Muchos ven en
los nuevos carismas un signo de
esperanza. Otros los consideran
realidades extrañas, y otros como un
desafío o incluso como una acusación
contra la que se defienden, a veces
hasta con reproches. Algunos
promueven un humanismo que se aparta
cada vez más de sus raíces
cristianas. Pero no hemos de olvidar
que "la expresión conciliar ecclesia
semper reformanda no sólo se refiere
a la necesidad de reflexionar sobre
las estructuras, sino también a la
apertura siempre nueva y al
replanteamiento de acuerdos con el
espíritu del tiempo demasiado
favorables"(11).
1. Cf. HANS GASPER, Ein
problematische Etikett. Mit dem
Sektenbegriff sollte man behutsam
umgehen: Herder Korrispondenz 50
(1996) 577-580; HANS MAIER, Sekten
in der Kirche? Es muB Platz geben
für unterschiedliche Wege:
Klerusblatt 76 (1996) 208.
2. LIBERO GEROSA, Charisma und Recht,
Trier 1989, 66; citas en el texto
tomadas de Lumen Gentium, 12.
3. LEO SCHEFFEZYK, Katolische
Glaubenswelt. Wahrheit und Gestalt,
Aschaffenburg 1977, p.351.
4. JOSEPH RATZINGER, La sal de la
tierra. Cristianismo e Iglesia
católica ante el nuevo milenio. Una
conversación con Petr Seewald. Ed.
Palabra, Madrid 1997, p.146.
5. Cf. GERHARD LOHFINK, Wie hat
Jesus Gemeinde gewolt? Friburgo
1993, pp. 142ss, 181ss.
6. Discurso a Diogneto,VI: Padres
Apostólicos. BAC, Madrid 1993, pp.
851-852.
7. JOSEPH RATZINGER, La sal de la
tierra. Cristianismo e Iglesia
católica ante el nuevo milenio. Una
conversación con Peter Seewald.
Ed.Palabra, Madrid 1997, p. 289.
8. Lumen gentium, 43.
9. HANS GASPER, op.cit. (cf. nota 1)
10. SECRETARIADO PARA LA UNIÓN DE
LOS CRISTIANOS, SECRETARIADO PARA
LOS NO CRISTIANOS, SECRETARIADO PARA
LOS NO CREYENTES Y CONSEJO
PONTIFICIO PARA LA CULTURA. Informe
sobre "El fenómeno de las sectas o
nuevos movimientos religiosos.
Introducción": L'Osservatore Romano,
edición en lengua española, 25 de
mayo de 1986, p.6.
11. HANS MAIER, op. cit. (cf. nota 1