La Liturgia Tridentina

 

 

 

 

 

                                            

 

 

 

Nota: algunos periodistas informan erróneamente que Benedicto quiere volver al pasado.

 

En estos documentos el Papa aclara que el misal de Juan XXIII sigue vigente como una forma extraordinaria de liturgia y que nunca fue prohibido.

 

Sin embargo, deja muy en claro que el Concilio Vaticano II fue un avance, tal como lo sostuvo Juan Pablo II en numerosas ocasiones pero en especial, al aprobar el Catecismo que incluye más de cien referencias al Concilio.

 

Dejando de lado las malas interpretaciones del Concilio Vaticano II, quien niega los frutos, niega ni más ni menos que al Catecismo y a la Cátedra de Pedro.

 

La decisión de Benedicto es sobre liturgia, el latín no es la esencia de la cuestión pero quienes se rasgan las vestiduras por el latín, deben comprender que el Pueblo de Dios siempre tuvo un lenguaje único. En la Antigua Alianza el lenguaje sagrado era el hebreo, en la Nueva Alianza es y será el latín, hasta el fin de los tiempos.

 

Es lógico que la Iglesia Católica (término que significa 'universal') tenga un lenguaje universal, es decir que permita a unir a todos los pueblos bajo una misma lengua en un solo Cuerpo Místico de Cristo. La Divina Providencia, reflejada en la historia, eligió el latín: Dios eligió el latín. ¿Cómo discutir ésto? 

 

Nadie critica que los organismos internacionales tengan su lengua oficial: Naciones Unidas, Fondo Monetario, Banco Mundial, Unión Europea, etc. Por ejemplo, el francés fue la lengua oficial de la Liga de las Naciones y otros organismos internacionales durante más de cien años y nadie protestó. ¿Por qué se ataca a la Iglesia por mantener la Tradición de un lenguaje, que además no hiere ningún nacionalismo? ¿No sería ridículo que el lenguaje oficial de la Iglesia fuese el inglés, el chino o cualquier otro?

 

Se ataca a la Iglesia argumentando que el latín sea una legua muerta, a pesar de que la ha mantenida viva en sus dos mil años de historia, pero eso sí, a nadie se le ocurriría achacarle lo mismo al Estado de Israel, cuando resucitó al hebreo luego de más de 1700 años.

 

Ante las malas traducciones de la Biblia, la liturgia y otros documentos de la Iglesia, es necesario preservar la lengua que se ha mantenido incólume durante milenios, soportando las modas, los cambios culturales y tecnológicos, y los embates de Satanás que como buen padre de la mentira trata de cambiar el sentido de los términos.

Por ejemplo, ya vimos como algunas Biblias traducen la profecía sobre la Virginidad perpetua de María "una virgen concibe y da a luz a un hijo" por obviedad de que "una joven concebirá y dará a luz", desvirtuándola totalmente. En latín Virgo es virgen, siempre. En cambio hoy en día, joven no es sinónimo de virgen. El latín resiste el cambio del tiempo. O tempora, o mores!

 

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