Testimonio de Margarita, de Uruguay
Junio 29, 2006
Fiesta de San Pedro y san Pablo
A todos los hermanos que compartimos este espacio. Hoy quiero dar mi testimonio ... pido disculpas porque no puedo relatar mi experiencia públicamente al punto que quisiera para hacerme entender, porque involucra la intimidad de otra persona que pasó el mismo calvario junto conmigo.
Yo sufrí una situación terrible de abuso médico. Fui diagnosticada por un médico "amigo" con una enfermedad de transmisión sexual, viral, altamente contagiosa y según el, mortal (en el lapso de un año) porque terminaría con cáncer genital. Tenía tres meses de casada y recién estábamos iniciando nuestra vida juntos con mi esposo. De la mano de este diagnóstico estalló el infierno entre nosotros, porque él había sido mi único hombre y se sentía destrozado y culpabilizado, a pesar que su vida fue la de un hombre "común", sin religión, con una o dos novias en su pasado sin mayor trascendencia. Buscamos ayuda por todos lados, pero por desgracia, le creí a los argumentos que me presentaba y como mi fe era más débil que el aire, me aterroricé con la idea de morir, de ser contagiosa, de contagiar a mis hijos, y me puse en sus manos. El resultado fueron 3.000 dólares de costo de tratamiento, dos meses de postración en cama, y quemaduras genitales totales con ácido en una proporción altísima, tan violentas, que alcanzaron a ser de tercer grado. Perdí la sensibilidad en la piel para después sufrir dolores y punzadas permanentes por el daño a los nervios, sufrí pérdida total del apetito por la cantidad de drogas para soportar el dolor de las quemaduras y adelgacé tanto por el estrés tan intenso que tuve un desbalance hormonal que hoy me hace ser infértil. Cada visita al consultorio era una oleada de insultos de parte de este medico por mi "flojera" para tolerar los tratamientos, decía el, y me decía que si había disfrutado de tener relaciones con mi esposo, ahora me aguantara que “por algo Dios me estaba castigando”. Me instaba al divorcio permanentemente. Hasta que por intervención de La Virgen de Lourdes, antes que terminara muerta, se desenmascaró todo.
No voy a extenderme en como saltó el engaño, pero el diagnóstico era falso absolutamente, y el único motivo que lo movió a hacer esto fue por su propio placer sexual (sadismo, disfrutaba infligiendo daño) y su mente enferma, sufría de esquizofrenia y de ideas delirantes, por lo que armó un escenario donde dar rienda suelta a sus desviaciones, ya que estaba enamorado de mi esposo y yo lo molestaba. Su inteligencia era muy grande, porque el quiebre de su cabeza lo tuvo a los 40 años, después de una carrera brillante como médico, con mas de una especialidad y trayectoria pública. Cuando me hizo esto tenía 64 años y había dejado de medicarse. Yo no sabía de su enfermedad. Esto que escribo es lo máximo que puedo hacer público, pero puedo asegurar que conocí el mundo mas oscuro de las desviaciones sexuales, y mi cuerpo fue ultrajado de maneras tan burdas que puedo decir que hubiera preferido que me violara. Al menos era mas "normal" que enfrentarme a los motivos degradantes de este hombre para maltratarme de esa manera y usarme como objeto de su placer a costa de mi vida y del cumplimiento de sus mas aberrantes fantasías. Y no pude denunciarlo en una corte. Mi cabeza a duras penas podía aceptar el hecho de que no iba a morir y todo lo que pasó fue un sin sentido, que estaba sana cuando entré a ese consultorio y las secuelas ahora eran irreversibles. Se hizo la denuncia por parte de los médicos que me atendieron y este hombre se desapareció de la tierra.
Y como si fuera poco, sentía que todo lo vivido realmente me lo tenía merecido por no haber podido reaccionar a tiempo. La culpabilidad de alguien abusado es terrible, es un peso aplastante y asfixiante. Mezcla de vergüenza y sentimiento de profunda desvalorización. Yo solo quería morir. Y desaparecer de la vista de Dios. Hace tres años de esto, y a pesar que busqué y me fue dada inmensa ayuda por parte de profesionales, pudimos rehacer nuestro matrimonio y volver a pararme derecha, espiritualmente fue la prueba mas dura que tuve que pasar. Necesitaba a Dios con todas mis fuerzas pero sabía que jamás lo iba a encontrar con el resentimiento amargo y el deseo de venganza que tenía en mi alma. Yo quería acercarme a comulgar y volver a mi fe de niña, y por dentro quería matar a este hombre. Chocaron con violencia los instintos mas básicos. El amor a Dios y el odio por otro ser humano. Se por experiencia que lo único que un alma puede hacer cuando está en ese estado es tirarse en el suelo delante de Dios y hablarle a gritos si es necesario. Decirle que odias, que queréis matar, que tenéis toda la miseria a flor de piel, pero que también querés amarlo a El. Y aceptar que te es imposible. Todos los días por AÑOS solo pude hacer esta oración. Quiero, pero no puedo. Se llama oración de impotencia, como supe mas tarde.
Me fui a confesar con el corazón muerto, buscando voluntariamente hacer lo que Dios me pedía que era perdonar. Parecía que esas confesiones no hacían nada... jamás iba a perdonarlo. Hasta que en uno de esos días negros, escribí a EWTN, bajo otro tema, la infertilidad, porque en mi error, creía que un hijo iba a darme la felicidad que había perdido. En este canal se me dio consejo e inspiración, entre flores y “palos” me hicieron reflexionar profundamente. Si bien mi deseo era válido, de alguna manera buscaba usar a mis hijos como paliativo para un dolor que nada tenía que ver con ellos. En ellos no está mi felicidad ni iban a servirme de escudo para mi dolor. Hice caso. Me compré una cruz bien sencilla, la hice bendecir y cada día me arrodillaba, y le decía como me saliera a Jesús, que ACEPTABA CON MI VOLUNTAD sus designios porque de corazón no podía. Ingresé a un grupo de oración carismático como si fuera una bolsa de papas. No me gustaba nada la oración en lenguas que hacían y me parecían todos una manga de locos sueltos. ¿Como esa gente podía estar tan feliz??? Seguro que ninguno tenía problemas graves. Como se podía cantar y alabar a Dios de esa manera un lunes por la noche cuando yo no podía ni mantenerme en pie después de trabajar el día entero? En ese grupo encontré historias muy dolorosas y me volvía loca que estuvieran felices. Y si que tenían problemas. Algo pasaba conmigo, de algo me estaba perdiendo sin dudas. Me enseñaron a abandonarme. A dejar que la potencia de la oración me llenara sin importar mis sentimientos. A dejarme hacer por Dios. En una de esas noches le pedí, con la sinceridad mas desgarrante, que entrara dentro mío y me devolviera la inocencia de un niño, la confianza, la PAZ y sobre todo EL PERDÓN.
Al poco tiempo nos cae del cielo la posibilidad de viajar a Fátima, Vaticano y Lourdes, imposible de imaginar que eso sería un hecho un mes después de mi incorporación al grupo de oración. No somos pudientes, el dinero apareció como un regalo. Me preparé, hablando todos los días un rato con la Madre de Jesús, pidiéndole ayuda para llevar "mi mochila" a sus pies y dejarla allí para siempre. Yo no podía hacer mucho mas que hablar. En los hechos seguía tremendamente perturbada por todo. Sin embargo, algo había empezado dentro mío que no sabía explicar. Sentía una llamita de calor dentro del pecho donde antes solo había hielo y muerte. Un calorcito débil, pero que no se apagaba. ingenuamente esperaba el desborde de mi corazón al llegar a Lourdes, pero no fue así. Estando en Roma, en la Iglesia Santa María de Aracoeli, donde pasé solo por curiosidad, como parte del tour, Jesús me estaba esperando en persona. Empezaba la misa, y la música del órgano me conquistó. Las dos horas siguientes no puedo explicarlas. Esa misa era hecha solo los 25 de abril, para invocar al Espíritu Santo y suplicar por los enfermos. A pesar que iba a un grupo carismático, aún no me habían explicado nada del Espíritu Santo y su forma de actuar físicamente además de la espiritual y no tenía idea lo que era su acción. Por lo que me tomó totalmente desprevenida y yo no sabía que estaba pasando. El primer hecho que me alertó, es que entendí el sermón en el italiano mas cerrado y no se una gota de ese idioma. Era Jesús pidiéndome que entrara en sus llagas y dejara allí todo lo que me pesaba. Que El estaba hoy allí para eso. Que me bañara en su Sangre y dejara a sus Pies toda enfermedad, física y espiritual. Hoy, El iba a pasar a mi lado y yo podría tocarle el manto. Hoy su Santo Espíritu tocaría mi alma. Cuando el sacerdote terminó de decir eso caí de rodillas, fulminada por un sentimiento indescriptible de quiebre. Sentía el pecho abierto de dolor y como si una mano estuviera arrancándome las entrañas, sacando kilos de basura. Me vaciaba y sentía terror. No podía pensar. Solo repetía "Ay mi Dios... ay mi Dios..." Y la paz empezaba a llegar a raudales, casi violentamente. Pedí por mi agresor llamándolo hermano, lo enterré de cabeza en el Corazón de Jesús junto conmigo y la misma paz que sentía yo la supliqué para el. Algo tan poderoso que jamás había sentido estaba entrando a mi alma y llenándola por completo. Y allí no pude odiar mas. No pude sentir mas resentimiento y entendí que los caminos de Dios son inescrutables. Supe que todo mi calvario tenía un "PARA QUE", aunque yo no sabía el "POR QUE" sucedió y ya no me importaba. Todo en unos minutos. Luego vino la Exposición del Santísimo y el sacerdote me lo acercó, parándose a mi lado. De rodillas, en la adoración mas profunda de toda mi vida me entregué en alma y cuerpo a El. Le di mis quemaduras, mi vergüenza, mis dolores, mi sentimiento de inferioridad, mi rabia, y supe que El haría maravillas con ese "material". Le creí. Me abrazó y me abrasó el alma con su Corazón. Juan, volvería a vivir mi calvario personal por volver a estar en los brazos de Jesús de esa manera. Y se que vas a vivir lo mismo. Por eso te escribo. Cuando llegué a Lourdes exploté pero en agradecimiento a Ella, que me condujo de manera tan certera a su Hijo. Allí aprendí a orar en la quietud de los sentidos, acallando la mente, para elevar el corazón a Dios. Cuando conté lo que me había pasado, me explicaron lo que era el quebranto en el espíritu, cuando el Espíritu Santo entra para sanar las heridas que nosotros no podemos ya solucionar. Y lo digo con mi corazón en la mano. No hay día que no ofrezca mi vida por convertir a mi "enemigo", porque sepa que también es hijo de Dios, porque tenga la paz tan ansiada y deje de crucificar al amor de mi vida. Esto no es humano, es el Amor que cuando uno le permite la entrada hace milagros. El Espíritu Santo es delicadísimo... no fuerza, no empuja ni avasalla como el mal, PIDE PIDE PIDE mil veces permiso para curar, para sanar, para liberar definitivamente nuestras cadenas. Hoy sigo recibiendo gracias que son dulcísimas para mi alma, porque esto es solo el comienzo. El 25 de abril de 2006 Jesús empezó su Obra con mi consentimiento... cuanto lo hice esperar... las conversiones en mi familia fueron brutales. Mi padre después de 37 años de no comulgar, hizo su confesión y volvió a la misa diaria. Mis dos hermanas volvieron a la Iglesia, atraídas por el cambio tan increíble que se vio en mi vida, porque cuando El Espíritu entra en uno, abraza a toda una comunidad, de ahí la importancia tan vital de dejarse ser un instrumento dócil. Se solucionaron conflictos familiares arrastrados desde años, y cada día que pasa mi paz aumenta. Mi esposo se convirtió y volvió a los sacramentos que recibió alguna vez de niño luego de toda una vida sin Dios.
Ahora soy parte de la familia de Cristo realmente, porque encontré en esa comunidad carismática el apoyo incondicional de los hermanos valientemente inmersos en la fe. Y sigo mi aprendizaje de la mano de Jesús y de María, mi queridísima Madre, amiga, confidente y consejera infalible. Sabes cual fue el gran cambio, que ahora cuando dudo, decido por seguir a Jesús y PUEDO, porque El está en mí. Cuando lloro, termino sonriendo a pesar de los contratiempos, porque El me hace reir. Y cuando el alma pasa por esas noches en que parece que Dios no contesta, lo ESPERO, porque se que solo está haciendo mi alma mas recia, y es un vacío aparente. Sabes algo... siempre que me pregunto que voy a darle a Jesús cuando yo me muera, tengo este dolor ofrecido. No todos, muy pocos tienen la dicha de poder encontrar la manera de abrazar la Cruz. Pídele que actué en tí. Y una vez que lo hayas hecho de corazón, no te inquietes ni te agites esperando resultados. Dile cada día que confías en El y que crees con tu voluntad, si no puedes con el corazón, que su Obra empezó en ti. El Espíritu Santo te llenará cuando no lo esperes, porque El obra cuando quiere y donde quiere, dándole a cada alma lo que necesita. Pide sus carismas, pide continuamente. Y espera en el Señor a la vera del camino. Verás como Jesús pasa a tu lado y cuando ese momento llegue encontrarás las respuestas que solo El puede darte y la cura completa de esos dolores. Ten por seguro que Jesús no quiere que los cargues sino que se los entregues y El te enseñará como. Queridos hermanos, cuenten con nuestras oraciones desde nuestra comunidad pequeña pero fiel y ardiente. Reciban un gran abrazo y sepan que no están solos. Este correos son una pálida realidad de las maravillas que obra Dios con algunas palabras escritas por computadora. Que Dios nos bendiga a todos... y a todos nos permita ser llenos de su Santo Espíritu una y mil veces. Margarita