UN DIA CAI DERROTADO

 

 

Nací en una familia que ya tenía 4 hijos, fui el último en nacer, toda mi infancia marchaba en armonía, todo marchaba bien para un niño que iba conociendo el mundo, tenía un papá y una mamá en casa aunque no siempre estaban conmigo, ya que los dos trabajaban en el negocio que habían hecho juntos y del cual nos sustentábamos.

 

Cuando todos marchaba bien para mi y para mi familia, cuando la armonía parecía excelente, un modo de vida digno y en paz, me tocó recibir el primer golpe en la vida, tenía 10 años cuando se me daba la noticia de que mi Padre ya no estaba mas con nosotros, y esto no por muerte, sino que se había marchado con otra mujer, duro es para un niño que ama a su padre con todo el corazón y que es toda su ilusión saber que no vivirá mas con él, que no solo ha cambiado a su madre por otra mujer, sino que la cambió por él, y por otros cuatro hijos.

 

Mi madre se quedó al cuidado de nosotros, y de ahí no volví a caminar por donde estaba acostumbrado, comencé a conocer como duele el corazón, ver destrozados a mis hermanos me causaba rabia y ver llorar a una madre es el mayor dolor que puede sentir alguien como hijo. Entonces imploré a Dios que regresara mi papa a la casa, pero conforme pasaba el tiempo, esas lágrimas de dolor se secaron, el corazón que tenia, pareciera que se había ido, o se había convertido en piedra, pues comencé mi adolescencia siendo un joven que todo le valía, y por consecuencia se me fue la fe en Dios.

 

Comencé mi adolescencia como todo joven, siendo un cuestionario sin respuestas, buscaba siempre llenar con algo aquel vacio que sentía, buscaba algo que llenara ese hueco que habían dejado todos los problemas familiares que a raíz de la separación de mis padres ocurrieron, y ahí es cuando comencé a meterme en caminos que no sabía a donde me habrían de llevar, pero al final eran cosas que se sigue pensando que no hay nada que temer.

 

Pues bien, comencé por conocer lo que es la tabla ouija, la primera experiencia con ella fue maravillosa, ya que vi en ella como el encontrar a un amigo con quien jugar y que lo sabe todo. Todas sus respuestas sobre el pasado eran acertadas, todos sobre el presente también, y no me quedaba mas remedio que creer que todo lo que la tabla o el supuesto espíritu que la movía decía sobre el futuro era cierto. La tabla se me convirtió en un vicio, a tal punto de no hacer mis tareas de la escuela por pasar horas jugando con ella.

 

De ahí todo estaba muy bien, hasta que comencé a tener manifestaciones, que para mi no eran malas, sino aventureras, me gustaba mucho sentir el miedo por simples cosas, como el movimiento de objetos. Era divertido que me ocurrieran cosas que solo veía en películas. Pero ojalá de ahí no hubiesen pasado.

 

Tiempo después, comencé a conocer otras cosas que me maravillaban aun mas, empecé a ver lo bueno he inocentes que parecieran ser los amuletos, comencé a ir a las limpias, a la lectura del tarot, los sueños, los viajes astrales, etc. Los sueños me fascinaban tanto que compre un libro de los sueños, el mas grueso que vendían en la librería esotérica, y ya esperaba la hora de dormir para seguir con cosas maravillosas y poder saber que era su mensaje oculto, a tal grado que dormía con una libreta a un lado para apuntar lo que soñaba, no fuera que se me valla a olvidar.

 

Tenía 15 años casi 16 cuando comencé a conocer “las Party´s” de la preparatoria, y todo lo que ahí se vivía, sexo, drogas, alcohol, y de vez en cuando, riñas entre nosotros. Aunque nunca probé las drogas esto era mi mundo ¿Qué mas podía pedir? cerveza hasta vomitar y mujeres dispuestas a todo, cosa que me comenzó a gustar muchísimo. A mis amigos les inculqué también el juego de la ouija, una idea que no les desagradó, y aunque no tuviésemos una tabla y un apuntador, era ya tan acompañado por cosas raras que con una simple cartulina dibujada y un cenicero era posible que se nos revelaran cosas ocultas. Un buen día en una fiesta, unos compañeros de la escuela dudaron de la veracidad (y el peligro) del juego de la ouija, tanto que al hacer una pregunta para tentar al espíritu (o demonio) entró un viento fuerte y helado, y al momento cayeron muchas cosas al suelo. Fue entonces cuando me di cuenta que este ser no era bueno. Pero de todos modos no nos importó, seguimos en lo nuestro y ya en cada fiesta no faltaba el juego de la tabla para armonizar aquella locura del alcohol y algunos que “le ponían” a las drogas.

 

En ese tiempo, entré a una pandilla por invitación de un compañero de la preparatoria, al entrar tuve que ver a todos los integrantes como “mi familia”, sus reuniones eran de otro nivel, al estar todos reunidos solo buscábamos a ver a quien le “dábamos”, es decir, a ver quién era el primer tonto que se nos quedaba viendo para darle de golpes, y ahí estuve yo, repartiendo algunos.

 

Una vez en una fiesta de cumpleaños de una amiga conocí a una muchacha, que trabajaba por donde yo trabajaba, era de buen ver que tuve que invitarla a salir, pero mi objetivo no era hacer de ella mi novia, sino tener relaciones con ella. Pasando poco tiempo salí con ella, ella se enamoró de mí y fue entonces cuando me aproveché, tuve que chantajearla para que tuviese relaciones conmigo, y un día que estábamos solos, pasó, la obligué a tener relaciones conmigo, y digo obligarla porque nadie tiene relaciones con nadie llorando, eso se llama abuso. Me sentí como un puerco, pues ella tenía 5 años menos que yo, era solo una niña bien desarrollada.

 

Pasaba el tiempo, ya tenia 19 años y era todo un asco caminante, me di cuenta que comenzaba a faltarme algo en la vida, pero no sabia qué, en esos tiempos de dudas, apareció una prima que tenia tiempo viviendo en el extranjero, y me prestó un libro que trataba sobre el poder mental, cosa que era desconocida por mi, al comenzar a leerlo, me di cuenta que podía llenar ese algo que me faltaba, comencé a practicar los ejercicios que el libro me proponía, y llegue a ver cosas impresionantes, pero otras que de verdad me di cuenta que me estaba topando con el infierno, los viajes astrales y meditación, estaban atrapándome y convenciéndome en que yo puedo hacer todo, y si yo lo puedo hacer todo con la mente, ¿para que ocupo de algún Dios, si soy mi propio dios? 

 

Un día cualquiera se nos ocurrió a mis amigos y a mi ir a jugar ouija en un panteón, pensábamos que iba a ser algo divertido, pero no fue tan divertido ver al apuntador de la tabla elevarse, y menos decirnos que la policía venía por nosotros, que nos fuéramos y nos esperaba en otro lugar, que le invocáramos (el nombre que nos dio ahora se que se trata de un demonio), no hicimos mucho caso y en verdad si llegó la policía, con todo y perros, pensé que esta vez si iría a conocer la cárcel, pero corrimos, y como pudimos saltamos una barda de poco menos de 3 metros, hoy he querido hacer la misma hazaña y no he podido, caímos en la cuenta de que fuimos ayudados, y cumplimos con lo dicho, llegamos a la casa de uno de mis amigos he invocamos aquel nombre, y nos reveló cosas que nunca quisimos preguntar, a tal grado de que rompimos la tabla y la arrojamos a un baldío.

 

Me adentré más en el movimiento ocultista, todo marchaba estupendo, creía que dominaba la mente de los demás, los viajes astrales eran emocionantes. Fue entonces cuando me topé con mi amo, después me di cuenta que aquello ya no tenía nada de inocente, pues no solo las manifestaciones continuaban, sino que ahora tenía pesadillas constantes, en la noche veía sombras terroríficas, una noche alguien me sujetaba cuando yo estaba dormido, fue horroroso no poder moverse y no ver quien te sujeta.

 

Pero un día paso algo muy raro, al pasar por un templo Católico, sentí la sensación de miedo, dije en mi interior, ha de haber algún espíritu malo, no pasa nada, pero esa sensación de temor a los templos, no fue solo esa ocasión, y peor aun, ahora las imágenes de Jesús me daban terror, y mucho mas la Cruz con la que el nos redimió. Una vez recuerdo que una tía me regaló un crucifijo para colgármelo, con temor lo tome y me lo puse, pero aquello era una sensación que no podía soportar, un día me lo alcé para verlo, y no se como ocurrió, pero lo escupí.

 

Entonces supe que había problemas en mi, ahí me di cuenta que había algo malo, pero no se que pasaba, yo nunca quise escupir esa Cruz, algo anda mal. Pasé unos meses no recuerdo cuantos sin hacer nada, nada de amuletos, nada de ouija, nada de viajes astrales, nada de meditación, nada de nada.

 

A mis 20, un buen día, recuerdo que era domingo, y me disponía a listarme para irme a jugar fútbol. Mientras que llegaban por mí, se me ocurrió abrir un libro que mis padres habían comprado cuando se casaron, que nunca lo llegamos a leer en familia, era una Biblia, gruesa y bonita con bordes dorados, aunque estaba un poco empolvada de la parte de arriba la abrí en donde sea y comencé a leer, que había un pastor, que tenia 100 ovejas, y que un día se le perdió una, y fue a buscarla dejando a las 99 restantes, y al encontrar a esa oveja, se puso muy feliz, tan feliz que contaba gustoso que había encontrado a su oveja perdida.

 

Cerré la Biblia, para pensar un ratito mientras mi corazón latía muy rápido. Oí unos pitidos en la calle, y supe que era hora de irme a jugar, salí con la cabeza agachada mientras me tocaba la barbilla de tanto pensar, llegue a casa después de dar un pésimo juego, pues no podía concentrarme. Me metí a bañar, y comencé a llorar, salí del baño todavía llorando, como los domingos no hay nadie en casa pues yo era el único que descansaba los domingos, pude llorar a moco suelto, y si, lloraba por todo lo que había hecho, comencé a recordar todo lo que hice, a toda la gente que le había hecho daño, pero lo que retumbaba en mi conciencia era la frustración al saber cuanto tiempo me estuvo buscando aquel pastor que dejó a las 99 nada mas por venir por mi. Caí derrotado por el amor de Jesús, conocí al Señor por medio de su palabra, aquellas lágrimas de amargura se convirtieron en algo que me lavó toda la mugre que traía encima. Todas esas lagrimas limpiaron mis ojos para poder contemplar a Dios, el lunes me presenté a trabajar al negocio de mi mama con otra ropa que tenia arrumbada, ya no me vestí mas como un pandillero, me deshice de todos las cosas ocultistas que tenia, rompí todo “el arte” que había dedicado a la pandilla, para desde aquel momento dedicarme al arte sacro.

 

No podía esperar toda la semana para ir a misa, ahora si pude entrar a un templo pues sentía algo de liberación, así que fui a un templo de perdis a postrarme un rato, ahí encontré a un sacerdote que estaba parado, y me confesó, ahí deje toda mi podredumbre después de 10 años de no haberme confesado.  

 

Comencé una vida de oración, comencé a instruirme en las escrituras, desde aquel domingo día del Señor mi vida dio un giro, ahora me llenó del todo la palabra de Dios, Dios comenzó a llenarme de cosas bellas, tanto que al “otro” no le gustó, y enfurecido trató de molestarme, entonces supe que no era uno, sino tres demonios que traía tras de mi, fue entonces cuando el Señor me guió a un grupo de renovación carismática, donde asisto regularmente, ahí conocí la fuerza del Espíritu Santo liberador, ahí recibí algunos carismas, pero lo que mas me alegré de recibir, es la buena noticia de saberme perdonado, liberado e hijo de Dios.

 

Aquellos demonios se pusieron de manifiesto con el poder de Jesús en las oraciones de liberación, nunca pudieron posesionarme porque Dios no lo permitió, pero el tormento que pasé por adentrarme en el ocultismo no se lo deseo a nadie, es digno de volverse loco el no poder dormir, y si cuando dormía era peor. Eso desgastaba mi vida junto con el embriagarme. Gracias a Dios ya no tengo vicio por la cerveza, aunque no veo en la cerveza al mal, sino al consumo excesivo.

 

Hoy ya no camino con miedo, sino en fe, aquel Joel se ha ido y espero no encontrármelo nunca mas, aquel cayó derrotado por la palabra de Dios, y espero que nunca se levante.

 

Escribo este testimonio para que vean que Dios tiene poder sobre el demonio, y sobre el vicio, para que vean que Dios recicla la basura como la mía y la vuelve a usar, a todos nos llama a corregir nuestra vida.

 

 

 

 

 

 

 

Gracias Señor por el rescate